Estaba sentado dándole vueltas al café con una cucharilla mirando un rato el móvil después de haber dormido 16 horas.
El último turno de 24 horas fue duro y entonces me llamó la atención un vídeo de unos famosos hablando.
La gente no paraba de gritar a cada palabra que soltaba el hombre, quién le estaba agradeciendo a su compañera lo bien que trabajaban juntos.
-Has nacido con talento - dijo él con voz muy cargada de sentimientos mientras un montón de gente levantaba la voz de la emoción - es un placer trabajar contigo, estoy orgulloso y te quiero mucho... Creo que voy a llorar.
Sus ojos se veían realmente brillantes y conmovidos por las palabras que había logrado pronunciar y con disimulo se secaba las lágrimas. Al final del día la gente que firma contratos de miles o de millones de dólares con marcas, productoras, fotógrafos o periodistas, siguen siendo personas.
Qué fortuna es hacer un trabajo que te apasione con gente con la que te sientes bien.
En el fondo yo sentía lo mismo de mi compañero aunque nunca se me había ocurrido escribirlo y decírselo explícitamente hasta ese momento.
"¿Qué tal todo?. Acabo de ver un vídeo de un famoso agradeciéndole a otro poder trabajar juntos y me he dado cuenta de que yo nunca te lo he dicho.
Me llama la atención el contraste por el cual yo quiero agradecerte tanto.
No somos famosos, no tenemos ángulos buenos para posar, yo no me echo colonia ni productos extraños en el pelo y tampoco sabemos bailar sin que parezca que estamos ahuyentando un mosquito.
Pensándolo bien, siempre andamos oliendo a desinfectante y un poco a sudor ¿No?
No tenemos talento pero es un placer trabajar contigo en la ambulancia como técnico en emergencias sanitarias.
Tal vez mucha gente vea que nuestra labor no es curar, solo soporte básico y llevar a la gente de un lugar al hospital en un vehículo con cables que tiene una sirena, pero para mí es más que eso.
Somos la primera línea de la ayuda sanitaria que entra en juego, los primeros profesionales en llegar y a veces representamos esperanza y humanidad.
Acompañamos a la gente en sus peores días y no diré que es un placer porque nadie quiere tener que llamar a una ambulancia y yo tampoco querría que fuera necesario, pero me parece que podría decir que es un honor.
Nos entendemos con solo mirarnos, si uno se bloquea el otro le ancla y si uno duda, el otro le recuerda.
Yo no poso en fotos contigo durante el trabajo pero créeme que no necesito una cámara para recordar ciertas cosas y no siempre de las bonitas por desgracia.
Nuestro trabajo no acaba cuando acabamos de cargar la última camilla del turno y ya puedes dormir.
Nuestro trabajo, como los famosos, suele ser todos los días de alguna manera.
En ocasiones se puede desconectar más y en otras la cabeza sigue dando vueltas y aún en esas, estamos el uno para el otro para descargar un poco de la presión que no todo el mundo puede ni quiere soportar.
Hay mucha mierda aunque todo siga un protocolo técnico establecido, la cabeza a veces tiene sus reglas.
No hay miradas que esconden risas mientras estamos 3 horas maquillándonos, hay miedo, temor y caos cuando nos toca pedir refuerzos y tenemos que tratar de mantener todo funcionando hasta que lleguen.
La gente no nos grita grabando con sus móviles emocionadas sino que nos gritan con terror en los labios o muerte en los ojos, no nos dicen de broma que quieren un hijo nuestro pero nos piden desesperadas que salvemos al que ya tienen.
Nadie está deseando conocernos, creo que tienen en realidad miedo de vernos pasar. A veces solo es trasladar a un anciano del hospital a la residencia porque no puede andar, un chico que se rompió un brazo o una persona que va a hacerse la diálisis semanal mientras que otras veces es porque un coche se ha salido de la carretera y ha dado dos vueltas de campana y tenemos que ver si hay supervivientes.
Te quiero mucho, hombre. No porque lo pasemos bien en el trabajo siempre aunque se intente llevar con humor negro, ni porque nos estemos riendo todo el día aunque lo intentemos para no ponernos a llorar, sino porque gracias a ti sigo queriendo ayudar a la gente de esta forma tan directa, cruda pero vital y reconfortante.
Junto a ti, las personas que no podemos ayudar más, los cadáveres que tenemos que levantar, el dolor de ver a la gente sufrir y marcharse de forma traumática, en soledad o de los que se quedan sin poder despedirse, pesan pero no me aplastan.
Siento que contigo las desgracias son más soportables y es todo lo que podría pedir de una persona.
Solo quería que lo supieras por si te hacía sentir algo parecido a la ilusión que le hizo a la famosa cuando su compañero le dijo tantas cosas.
Aquí no estamos con focos ni con cámaras ni demasiadas emociones agradables pero al final, lo más importante es que lo sepamos nosotros dos. Yo también he acabado llorando al final…
Un abrazo, tu compañero de ambulancia”.

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