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Relaciones parasociales

 




(Está bien buscar refugio en tus ilusiones cuando lo necesitas, pero no te olvides de las relaciones recíprocas, porque ahí es donde está la vida que llena).


Me levanto, me preparo, entro a las 9 al trabajo, como, sigo trabajando de 16 a 19, salgo, compro la cena y duermo. Así es la rutina donde muchas veces me veía encerrada. 


Hablaba con compañeros y con amigos de pascuas a Ramos debido al cansancio y a que cada uno hacía su vida con su familia, sus amigos del entorno físico más cercano, sus mascotas… 


La gente con la que trabajo es simpática, charlamos un rato en los descansos y alguna vez quedamos para tomar un café el sábado. Nos reímos, nos contamos cosas personales, conversamos y aún así no les acabo de sentir completamente de confianza. 


Iba caminando por la calle hacia el trabajo, cuando solté una carcajada bastante sonora al recuperar un recuerdo. Cubrí mi boca con la mano mirando alrededor con vergüenza. 

Una mujer se había fijado por desgracia pero en menos de 2 segundos volvió a darse la vuelta hacia el escaparate.


Dicen que la gente que te hace reír cuando estás sola y tienes en la cabeza en los momentos de aburrimiento, son aquellas que encienden la chispa y merecen la pena, que son especiales... 

Hacía unas semanas que veía a ese hombre a todas horas por redes sociales dando entrevistas o pequeños fragmentos de películas/series en las que había actuado. 

Mi móvil se había llenado de fotos de él y de vídeos de 1 minuto que veía casi en bucle hasta casi aprendiendo los diálogos de memoria. 

Por internet se podía ver fotos y noticias, galas a las que había ido, conciertos, quiénes eran sus familiares mascotas, donde había estudiado, los instrumentos que tocaba, el deporte que más le gustaba, los idiomas que sabía, lugares a los que había viajado o le gustartía viajar, comida o película favorita. 

La risa, el humor, la voz, su ropa, otras celebridades con las que hablaba y grababan vídeos juntos etcétera. 


Después de un largo día y tareas interminables, sus películas o vídeos eran un poco lo que me levantaba un poco el ánimo y me permitían desconectar. 


¿Por qué me acordaba de él antes que gente con la que trataba cara a cara? 


Me enteré de que él iba a venir en un par de meses a la capital para una gala.

Enseguida pulsé para ver dónde se celebraba, compré el billete del segundo tren que salía hacia la capital y conté los días uno por uno en el calendario para asistir. 


A las 11 de la mañana me senté con mi silla plegable detrás de la valla como un poste de la luz, mi nevera portátil con tres bocadillos, una ensaimada que acababa de comprar, dos botellas de agua de un litro cada una y mucha mucha mucha ilusión. 

No era ni de lejos la primera persona que había llegado aunque sí comenzó a llenarse masivamente a partir de las seis de la tarde.

Unas 3 o cuatro filas por detrás de mí se amontonaban, un hombre de unos 50 años a 5 centímetros a mi derecha y al otro lado una chiquilla de no más de 20 años hablando con su amiga con el móvil en la mano. 

Por detrás tenía a un chico más joven y más alto que sentía curiosamente que me estaba respirando en la cabeza y observando fijamente mi pelo. Lo acababa de lavar por la mañana pero tanto agobio me había puesto a sudar. 


Focos, luces, seguridad, cámaras, móviles por todos lados y el momento esperado para ver en persona a quien hasta el momento había observado a través de una pantalla durante horas.


Comenzaron a pasar las celebridades, una por una por una alfombra roja que previamente habían puesto en la acera. 

Un montón de flashes apuntando hacia ellos y un momento de desorientacion en lo que todo el mundo alrededor comenzó a gritar. Unos decían el nombre del famoso que pasaba, otros el de uno que ni siquiera había aparecido aún, o simplemente un chillido de emoción y gente con libretas y bolígrafo pidiendo autógrafos. 


Una actriz preciosa se acercó a apenas un par de metros de mí con sus pendientes colgando como dos estrellas y un vestido con un estilo maravilloso. Sí sabía quién era, había visto alguna de sus películas aunque ni mucho menos todas en las que salía. Le pedí un autógrafo y ella, que ya tenía un bolígrafo preparado, fue firmando con mucha rapidez todo lo que le ofrecían. 


Apenas tuve que esperar un par de minutos hasta que vi la razón por la que realmente estaba allí. Se había puesto un traje color crema con corbata que le quedaba como un guante. 

Grité muy fuerte, tanto como pude pero él se fue a la otra valla a saludar y hacerse fotos. Le llamé lo más fuerte que pude, muy agobiada por si se iba tan pronto. 

Por suerte, se acercó a donde yo me encontraba mientras las palmas de mi mano comenzaban a sudar más y la garganta me molestó enseguida.

Cogió el móvil de la amiga de la chica que tenía al lado con su palo selfie. Fue cuando me di cuenta de que la chica sujetaba una gran cartulina con la cara del famoso pegada y una especie de frase ingenosa que era lo que a él le había llamado la atención.


Mientras, yo trataba de sobresalir todo lo posible hacia un lado esperando que el cartel gigante no me tapara tratando de sonreír y de que no se me notara nada que me estaba clavando el metal de la valla en las costillas. 

En apenas cinco segundos, él estaba devolviendo el móvil a su propietario y yo me estiré aún más sacando mi mano para saludarle. 

Fue inesperado que me mirara y agitara la mano a la vez que se estaba alejando a paso rápido con el mismo estilo que en los vídeos.


La gente comenzó a dispersarse poco a poco y tres o cuatro personas le preguntaron a la chica sobre la foto. 

Saqué el teléfono y me tocó buscar el nombre de usuario de la chiquilla, buscar la foto que acababa de colgar y hacer captura de pantalla.

En la foto salimos unas nueve o diez personas, yo casi atrás del todo, un poco borrosa aunque más o menos se me reconocía. 


Llegué a mi hotel mirando y volviendo a mirar la imagen, pensando un poco en el momento y la emoción. Le había visto al fin y era de carne y hueso. 

Más guapo en persona que en vídeo por su naturalidad tal vez y que se le veía bastante más alto en persona y más real.


Sonreía como una tonta cuando vi al día siguiente que él había colgado fotos de un elegante restaurante no muy lejos de donde le vi y también un pequeño vídeo de los que estábamos allí con unas palabras de agradecimiento a todos los fans. 


Mis compañeros de trabajo me habían preguntado en el descanso cómo fue y a partir de ahí todo pareció volver a ser igual que antes. 

Creo que la sensación de mariposas y de emoción se me pasó en dos días cuando comenzaba de nuevo a estar inmersa en la rutina. 


Me sentía extrañamente normal y eso me daba un pelín de nostalgia. No sé por qué había puesto tanta ilusión en aquel día. Estuvo bien verle de cerca pero en realidad no cruzamos ni una palabra, estaba todo lleno, él muy ocupado y yo mirando a ver si me daba un poco de atención. 

Ya sabía que la gente de a pie apenas tienen oportunidad de hablar con celebridades, sobre todo porque hay tanta gente que quiere hablarles que no pueden charlar con cada seguidor. 

Es improbable conocerles si no estás en el mundillo, si no firmas contrato, si no eres periodista, si no tienes algo económico que ofrecer. 

Yo no tenía fama ni dinero así que mirara por donde mirara, era prácticamente imposible ser cercanos. 


Tuve unos días de bastante bajón, más apagada, desganada y decepcionada. No me sentía igual ver los vídeos de este hombre aunque seguía siendo gracioso, pero no suficiente. 


Viendo más vídeos en redes, vi a un hombre un pelín indignado aunque de broma con su pareja porque le decía que estaba enamorada del mismo actor que me gustaba a mí por un personaje de romance que representaba.

La mujer le dijo que al fin y al cabo su novio era su ‘personaje favorito en la vida real’ aunque claro que seguía apreciando la belleza de otras personas. 


En la vida real… ¿Y eso qué significaba? en la vida cotidiana tal vez y fuera de la imaginación. 

El 97% era imaginación y fantasía y el 3% era ficción, entrevistas divertidas y fotos. No me gustaba nada admitirlo ni mirarlo desde esa perspectiva pero es un hombre majo, guapo, que actúa bien y hace publicidad. 

No me conoce a mí y yo solo conozco partes de su vida que él quiso mostrar. 

Algún comunicado de otro famoso diciendo a la gente que dejaran de mandar mensajes a sus amigos o merodear por casa de su familia porque tienen miedo. 


Estaba en la oficina cuando le pregunté a mis compañeros en un descanso qué opinaban sobre la gente famosa. 

-Pues que son trabajadores como nosotros. A nosotros nos pagan por hacer tareas en un ordenador y a ellos les pagan por dar entretenimiento, emociones y fantasía.

-Es un poco… triste ¿no? - opiné. - porque no son reales. 

-No tiene por qué ser triste y sí que es real lo que representa. Están hechos para gustar y entretener y si lo pasas bien, te echas unas risas y da tema de conversación entonces cumplen su función. La vida sí que sería más aburrida sin series o películas o canciones. 


Tal vez idealicé a ese hombre porque es muy simpático, carismático, con sentido del humor, con dinero, con una vida más movida que la mía y admiraba su influencia. 

Será que mis necesidades de conectar con alguien de forma profunda, las proyectaba en una historia y en una persona.


Sentirnos solos sin querer estarlo, es algo humano y que todos podemos sentir en algún momento de la vida. 

Las historias son cómodas de ver porque no nos pasan en primera persona, ya están escritas, no se pueden cambiar y la imaginación es algo que podemos controlar. 


Podemos conectar con mucha gente alrededor pero no es sencillo porque está mucho más fuera de nuestro control y ha de ser así porque somos libres. 

Vivir con circunstancias ajenas, sus días grises, cansados, sin maquillaje, rutinarios… no es siempre emocionante, pero es real. 


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