(Para gente que no conozco y querría dar ánimos. La humanidad brilla entre los escombros cada día. Gracias por luchar cada instante en medio de toda la tormenta. Ojalá os guste. Todos los ánimos del mundo 🌱)
Creció fuerte como un árbol, enérgico, contento, soñador, fuerte y humano.
Iba de camino a clase como cualquier otro día teniendo que coger el tren.
Una mochila cargada de apuntes en la espalda y en la cabeza otras tantas cosas relacionadas con la universidad.
Nada volvió a ser como antes, después de un instante.
Una afilada hacha segó el tronco del árbol en un abrir y cerrar de ojos hiriéndole de forma irreversible. Rompiendo su vida, sus planes, su futuro, su todo.
El hacha de guerra de personas insatisfechas que optan por la violencia sobre otros cuyas vidas no pueden ser de nuevo reemplazadas.
Dicen que son oprimidos por un sistema que no les atiende, pero ¿Y las secuelas que él tuvo? ¿Y todas las personas que dejaron de vivir? ¿Y el dolor de sus seres queridos?
El terror lleva a más terror, la violencia lleva a más violencia y dolor, y el sufrimiento no justifica provocar más heridas, resentimiento, traumas.
El árbol no podrá volver a crecer otra vez, pero en este caso, tampoco murió tras ser dañado.
Del lateral del tocón, nació un rebrote, pequeño, verde, frágil, delicado, que sus seres queridos cuidan con inmenso amor.
No ha muerto, él no ha muerto, pues las raíces siguen funcionando aunque con cuchillas afiladas amenazando.
Algo asoma entre el daño parecido a la esperanza en los días regulares pero existentes, en los días malos que duelen y en los buenos en los que él reconoce a los de su alrededor notando su cariño al tiempo que se da cuenta otra vez que no podrá volver a ser el árbol que un día fue.
Ama, se emociona, se da cuenta de que no está solo, sobrevive.
Mira cómo le acarician la mano sin poder notarlo, sin caminar, sin alimentarse de manera habitual, sin apenas moverse, sin pensar con claridad ni ser consciente de sí mismo en muchos momentos.
El brote se seca por los malos tiempos, por las dificultades, por la vida que ya no le ha dado la coraza del tronco rígido sino una fina hebra flexible y tímida en un ambiente de vientos huracanados y lluvias torrenciales.
No obstante, al final las raíces se impulsan para crecer, para sacar otro brote una y otra y otra vez. Son guerreros silenciosos que sobreviven a duras penas las adversidades.
La gente que le quiere, no pueden devolverle un cuerpo fuerte y leñoso, nadie puede, pero mantienen vivo lo que hay más dentro enterrado en el suelo en un acto de amor y sacrificio que persiste tras la causa de odio, frustración y violencia que provocó aquella tragedia.
Con miedo, con temblor, con frío, con calor, con noches de lloros, con paciencia, con pena y tristeza, con alegría y optimismo continúan.
Simplemente, estando, poseen una capacidad para resistir que nadie quiso tener que desarrollar, pero que fue necesario para contrarrestar las dificultades.
En bajito, en susurros y silencios compartidos algo crece invisible para muchos, que no explota sino que acaricia, que duele pero no arranca, que es más duradero que el temor y más resistente que las amenazas.
Un tallo de esperanza y de superación que nunca se cansará de volver a asomarse mientras sigue respaldado tras años por raíces de amor, de vida, de ganas, de estar, de seguir, de soportar el mundo y de agradecerle a la vez.
(Paula, te deseo todo lo mejor)

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