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Mostrando entradas de julio, 2025

Cosas que entran y salen del cuerpo

SEGUNDO MANIFIESTO El título es literalmente de lo que va esta reflexión, aunque nada que ver con rituales espirituales ni nada metafísico en un principio. Una completa ironía sacada del mismo autor un poco cochino del relato de “Lírica gastada”.  Yo solo soy la voz que escribe lo que pensó él, más o menos.  Ahora hay 3 interpretaciones en vez de dos. Una de él, una mía y otra del lector.  De un mensaje reinterpretado se pierden matices y se ganan otros. Esperemos que los ganen sean acordes a lo que este curioso hombre querría, a pesar de que nunca el lector lo sabrá pues en la conversación que tuve con ese tal tipo nos encontrábamos solos. También en principio.  Ojalá que nadie se ofenda ni piense que este texto es como el típico “no te ofendas, pero eres (insulto cualquiera que no voy a escribir)”, entre no amigos, claro.  Y bien dijo aquel poeta poco convencional que mal pensó una vez (porque es lo que como coloquialmente se conoce, que el autor está en total...

Lírica gastada

PRIMER MANIFIESTO Hay palabras que se repiten demasiado en la literatura. Pierden su sentido lírico, su esencia, su poder.  Como un nombre desgastado, como un amor cansado, como un botón sujeto de una sola hebra. Y tras usarlas en numerosas ocasiones, acaban por dejar un vacío mental, como una imagen que ya no podemos apreciar, como un abrigo del que sobresale un hilo donde había un botón, como alguien columpiándose sin ningún compañero al lado, como un dependiente de una tienda pequeña esperando una clientela que nunca llega, como un plato de comida colorido pero sin sabor.  ¿Cuántas metáforas acerca del color de los ojos?  La grandeza del mar que siempre se mete en los ojos azules, la luna plateada en los grises, el sol en los de color ámbar, la esperanza en los verdes y un pozo de sentimientos en los más oscuros. Y los ojos multicolores como una paleta de un pintor que retrata un paisaje otoñal o invernal.  Tantos calificativos comunes de las nubes esponjosas, de ...

Un don

  (Por los caminos más certeros ocurren cosas muy inciertas) Desde pequeño me dijeron que tenía un don. Se me daba bien pintar y dibujar. No recuerdo bien la primera vez que comencé a mostrar mi talento. Nunca me cansaba de que mis padres me repitieran cómo cuando era pequeño pasaba horas en mi escritorio.  Por mis manos se deslizaban los lápices de colores, las ceras, los pinceles, las acuarelas y varios cuadernillos de dibujos. Páginas blancas listas para ser usadas. Blancas, pero no del color blanco óptico de los folios, siempre blanco roto, hueso, glaciar o crema aunque a mí siempre me ha gustado llamarlos a mi manera. El blanco óptico como reflectante, de este que parece fluorescente cuando es iluminada con luz ultravioleta, blanco roto como ese blanco nube un poquito gris, blanco hueso como marfil porque suena más elegante, blanco glaciar cuando la mañana clarea o el blanco crema pero la crema de vainilla.  Recuerdo mis manos manchadas de carboncillo, con extremado ...