Ir al contenido principal

Un don

 


(Por los caminos más certeros ocurren cosas muy inciertas)


Desde pequeño me dijeron que tenía un don. Se me daba bien pintar y dibujar. No recuerdo bien la primera vez que comencé a mostrar mi talento. Nunca me cansaba de que mis padres me repitieran cómo cuando era pequeño pasaba horas en mi escritorio. 


Por mis manos se deslizaban los lápices de colores, las ceras, los pinceles, las acuarelas y varios cuadernillos de dibujos. Páginas blancas listas para ser usadas. Blancas, pero no del color blanco óptico de los folios, siempre blanco roto, hueso, glaciar o crema aunque a mí siempre me ha gustado llamarlos a mi manera. El blanco óptico como reflectante, de este que parece fluorescente cuando es iluminada con luz ultravioleta, blanco roto como ese blanco nube un poquito gris, blanco hueso como marfil porque suena más elegante, blanco glaciar cuando la mañana clarea o el blanco crema pero la crema de vainilla. 


Recuerdo mis manos manchadas de carboncillo, con extremado cuidado para no ensuciar el dibujo, las técnicas usadas para disimular errores que solo yo veía y nadie de mi familia parecía darles la menor importancia. Me esforzaba mucho copiando cuadros famosos hasta que salía lo suficientemente similar al original. 

Toda la casa se encontraba sobrecargada de mis pinturas y las iba renovando por las que más nos gustaban.


Estudiar se volvía muy aburrido, poco creativo, demasiado estructurado aunque igualmente obligatorio así que mis notas no eran demasiado altas porque no le dedicaba el tiempo que podría dedicarle. Me gustaba ir a clases de dibujo y que los profesores dijeran que tenía talento, que me dieran consejos, que me guiaran para ayudarme en las diferentes técnicas. Entrada en la adolescencia, mis padres me dijeron con cariño que a lo mejor podría estudiar más y pensar un poco más en lo que quería dedicarme en un futuro. Les miré extrañado, confundido y algo dolido en el ego sinceramente porque no bromeaba con querer ser pintor, con soñar que mis obras se expondrían en famosas galerías, en casas de millonarios amantes del arte, que mi nombre artístico se escuchara por varias zonas del mundo aunque solamente fuera en ese nicho. 


Ellos me comentaron que claro que podía soñar a lo grande pero la casa se comenzaba desde los cimientos y también había que tratar de tener plan B, en el caso de que el plan A no saliera. El plan B era estudiar, sacar los cursos obligatorios, aburridos para al final poder matricularme en lo que yo quería… 

Yo pensaba que tenía el nivel, el nivel para poder entrar en una academia con gente artista y mis padres me decían que podía hacerlo, pero más adelante. ¿Por qué tenía que estudiar ciencias? si ya tenía claro a lo que quería dedicarme… y la respuesta solía ser que estaba bien aprender lo básico de todo o simplemente porque así es la vida en la que muchas veces, has de pasar por el aro. 

‘Todo por cumplir mi sueño’ era lo que siempre me decía cuando me miraba al espejo con ojeras, cuando aún me faltaba varios temas por estudiar con el examen al día siguiente, cuando con el lápiz o el bolígrafo quieren dibujar un simple rostro en el cuaderno y dejar volar mi imaginación cuando el profesor estaba escribiendo en la pizarra o estaba sentado en la mesa de mi casa. 

“Concéntrate, concéntrate, concéntrate” eran las palabras medio mágicas que me decía como un conjuro pero no lo lograba, me agobiaba y así la concentración no venía. Después aprendí a hacer listas, listas realistas de prioridades, austeras y a seguirlas sintiéndome orgulloso cuando las completaba. 


Solía compararme con los demás, con compañeros de clase que memorizaban mucho más rápido, que mantenían las distracciones mentales a raya, que tenían mucho más tiempo libre que yo… Mi manera de gestionarlas era decirme ‘ellos memorizan mejor, pero yo pinto mejor’ como si fuera un talento o una virtud por otra. … Había logrado entrar en el grado de Bellas Artes. Por fin iba a poder demostrar lo que se me daba mejor hacer en el mundo. En realidad había pensado más en una academia especializada en pintura al óleo, pero mis padres me dijeron que si sacaba Bellas Artes por lo menos tenía un título, miré el plan de estudios y no me pareció mala idea. Había más opciones para trabajar que si me iba solo por academia que no sonaban horribles aunque lo que me apasionaba ya tenía claro lo que era desde hace años. 


Allí conocí a mi mejor amigo quien también es la persona a la que más admiraba. Me ayudaba mucho cuando una técnica no me salía, me pasaba apuntes más claros en las asignaturas más teóricas, estudiábamos juntos, me explicaba conceptos… Me apoyaba en él para muchas cosas y yo se lo agradecía profundamente aunque al tiempo me pesara porque querría haberlas sabido a hacer solo. 

Mi amigo era de los mejores de la promoción y yo estaba más bien por en medio según la nota media de la clase.

Él siempre me decía que un número no definía mi talento y que yo tenía mucho, pero cada vez que decía eso, pensaba un ‘tú más’ en bajito, como una punzada de alegría por él y envidia de querer yo también lograrlo. 

Tenía muy buena cabeza para memorizar, sus trazos al pintar eran muy limpios, replicaba las técnicas de manera casi exacta a la del profesor tras un par de días, sus manos eran gráciles moviéndose con precisión casi milimétrica y sus calificaciones eran excelentes. 


Me sentía culpable por tenerle envidia, mala persona por pensar que si no fuera tan amable conmigo, a lo mejor podría caerme mal y enfadarme con él, pero no, era mi mejor amigo, se preocupaba siempre por mí y viceversa, pasábamos tiempo charlando, yendo al cine, quedando con más gente, contándonos inquietudes o comentando cualquier cosa. 

Él era consciente de que me costaba más, que me sentía mal por mi peor rendimiento, que me comparaba y nunca dejó de tratar de relativizar. 


Pasó un año y recuerdo esa tensión, esa presión, esas manos temblorosas que eran mis enemigas. Calmarme en el baño 5 minutos y regresar un pelín mejor. Mi amigo me veía y me decía ‘estás sufriendo mucho’ y yo ‘es que quiero dar lo mejor de mí’. Las notas llegaban y nunca eran las que yo quería, me esforzaba mucho pero no lo conseguía. Cada examen que me situaba por debajo de mi amigo era un ‘eres peor que él’ así que él, notando que me agobiaba mucho los números en el boletín, me comentó que ya no me diría más sus notas numéricas. A partir de ahí, siempre me respondió con un ‘aprobé’ o un ‘suspendí’ pero yo siempre sospechaba que sacaba mucho mejores notas sin decírmelo pues veía sus dibujos, veía sus esculturas, cómo se desenvolvía en los programas de diseño y que yo seguía preguntando y él sabiendo la mayoría de las respuestas. … 


Estábamos tomando un refresco en la terraza de un bar a finales de junio, tras finalizar mi último examen de la convocatoria extraordinaria. Mi amigo había acabado antes porque obtuvo buena nota ya en la primera convocatoria. Estábamos hablando de lo que íbamos a hacer en verano cuando fuéramos a la playa con algún compañero más de clase. Visitar algún museo, turismo rural y urbano etc. Le estaba enseñando una fotografía en el móvil de la playa, los chiringuitos, el hotel… cuando me saltó una notificación en el móvil de otro de clase diciendo que habían subido ya las notas a la plataforma de la universidad. Se lo dije automáticamente a mi amigo y me miró intrigado diciendo “míralas”. 

Me dio la sensación de que mis dedos estaban temblando un poco sobre la pantalla del móvil. El número 1 en un círculo pequeño indicando que estaba esa calificación no leída y muchas dudas de lo que pondría. No me salió mal el examen, tampoco me salió bien y ya había recuperado otra asignatura difícil pero no me había dado tiempo a estudiar más para este examen. 

Antes de acceder pensé “Muy malo ha de ser…” pero entre el segundo que tardó en cargarse y el 4 que vi en la pantalla, sentí que se me caía el alma al suelo. Sinceramente parecerá exagerado pero las emociones en un primer instante son muy fuertes, catastrofistas y desarmantes. 

Mi amigo se levantó de la silla y se asomó por detrás de mi hombro porque no hablé. Lloraba por dentro pero no iba a llorar por fuera con esa expresión extraña que las personas a veces ponemos cuando apenas se puede contener las lágrimas. Él, tan bueno y habilidoso, me miró y solo me dijo “está bien” como señal para no aguantarme más. 

Se derramó agua al parpadear porque sentí más que nunca que estaba por detrás suyo, que me quedaba atrás, que había tratado de seguir el ritmo aunque fuera a trompicones pero había caído… 

Y no era solo él ¿Cómo una a hacer obras de arte tan impresionante si me iba mal ahora? Tenía que superar a miles de personas de todas las edades así que si no lograba ser de los primeros de mi promoción ¿Cómo iba a lograrlo? Ahora que había suspendido, lo veía más claro. A lo mejor no siquiera acababa en 4 años el grado. A lo mejor no me daban la plaza para la academia profesional de pintura. A lo mejor no era tan bueno como pensaba que era y eso me asustaba enormemente... 


Estuve con ánimos regulares toda la semana. No solo era una nota para mí aunque mis compañeros me dijeran que eso el año que viene fácilmente podría recuperarlo. No era cuestión de eso, era que tenía que ser de los mejores si no era el mejor. 

Me decían “un examen es un examen, no define tu habilidad” y si, hay días malos, pero cuando además ves a otras personas que se parecen sus dibujos al modelo, aplican mejor la técnica que a mí no me sale, ellos mejoran más rápido, lo notas. Pintan mejor. Después vino esa culpabilidad que pica mucho cuando pensé en lo que dije, en lo seguro que estaba de poder lograr mi sueño, en lo que dijeron mis padres sobre asegurar un título por si acaso y que yo me ofendí por no confiar en mi. ¿Y si ellos vieron algo que yo no vi? ¿Y si ellos descubrieron que no tenía tanto talento como yo mismo pensaba? 

Quería hacer el grado y tener un título para que mis padres me dejaran en paz pero en el fondo, quería demostrar que mi talento era potente. ¿Y si eso es mentira?. 


Cuando mis padres me escribieron para preguntar sobre las notas y dijeron que les llamara, me quedé más bloqueado. Porque no quería que me dijeran “te lo dije” o un capón metafórico en la cabeza. Tuve que descolgar a regañadientes preguntándome que que tal fue el examen de hoy. Respondí que creía que podía aprobar y al llegar la pregunta temida de "¿Y te han dado alguna nota?" Tuve que decir que sí, antes o después lo sabrían y no había sentido en ocultarlo. "No pasa nada, hijo. Estas cosas pueden suceder... Para el año que viene, mejor" Y el resto de conversación fue un "supongo " de mi parte más la excusa de que estaba mirando cosas de las vacaciones con mi mejor amigo. Por varios días le estuve dando vueltas a la frase "estas cosas pueden suceder", donde estas cosas podrían referirse además de suspender, a que no era tan bueno como me gustaría ser, que no tenía el talento necesario, que en vez de vender mis cuadros en las galerías de arte serían en el mercadillo de mi pueblo, que creía que podría ser de esos grandes pero soy parte del gran colectivo humano que no llegará a cumplir su gran sueño, que seré un fracaso, que no tenía futuro en la pintura... Todo resumido en "estas cosas pueden pasar". 


Una semana más tarde volví a quedar con varios amigos a cenar a pesar de que no me apetecía nada salir. Me distraje un poco con conversaciones que ya no tenían brillo. Iban a ir de fiesta cuando comenté que me volvía a casa. Uno de ellos soltó "¿Aún sigues con cara larga por lo de la asignatura? Si a mí me han quedado más que tú, que la vida no se acaba por eso". Sabía que me estaba tratando de animar pero casi me hizo sentir peor, culpable por sentirme mal más tiempo de lo que socialmente era aceptado como "normal". La vida no se acaba, no, pero sí se difumina esa ilusión, esa imagen de futuro siendo lo peor que pensaba que era posible y que tal vez nunca lo fue, solo que no lo sabía. Mi mejor amigo quiso acompañarme al leer bien mi expresión de molestia. 


- Ya sabes que este chico es como es... Tiene formas de animar muy "suyas"- comentó sonriendo. 

- Sí... 

- Tú tómate todo el tiempo que necesites para asimilarlo, cada uno tiene su ritmo. 

- Y el mío es una mierda - grité. Sentía frustración y rabia porque le apreciaba pero él siempre era la persona que nunca podría ser... Talentosa, paciente, empática, calmada, firme y definitivamente, me comparaba mucho. Enseguida me disculpé por levantar la voz. 

- ¿Qué es realmente lo que te preocupa? - preguntó él tranquilo, interesado genuinamente por mí... Me quedé un instante pensativo respondiendo que nos sabía en bajo, cuando puede que lo supiera muy bien o tal vez no. Todo se acumulaba. 

- No hace falta que me respondas, no soy yo el que necesito saberlo. Nos quedamos en silencio incómodo unos segundos cuando él volvió a romperlo diciendo que podía hablar de cualquier cosa o pedir ayuda profesional aunque no lo hice… 


Lloré por la noche el día que nos dieron la orla de clase. La orla donde ponía los años de nuestra promoción, y lloré como si algo importante fuera a perderse. Ese algo sería la rutina con mi mejor amigo. 

Él iba a acabar la carrera este año, y yo no, él se iría a seguir estudiando en otra ciudad y yo me quedaría. Esa sensación extraña de que avanzaba sin mí, de que me dejaba atrás a pesar de que me había prometido no perder el contacto. Las clases sin él al lado habían sido más comunes, pero adaptarme a no verle en la cafetería ni al ir a la facultad ni al volver, fue duro. Hablamos por teléfono regularmente pero no es lo mismo. Se interesa por mí, pero no es igual. 

Queremos saber de nuestra vida sin compartirla como antes. Nos vimos quedando con otros miembros del grupo aunque sin saber por qué, me fui alejando poco a poco. No me sentía tan cómodo como antes, no le sentía tan en mi vida ni acompañándome en mi camino. Su ruta parecía prometedora y exitosa, no podía dejar de compararme descubriendo que su ausencia me había traído una especie de ‘paz’ extraña. Había dormido mis inseguridades un poco. … Entré a la academia de arte y colgaba en redes fotos de mis óleos siendo apenas vistos por los demás. A cada mes que pasaba sin recibir ninguna llamada, ningún correo y ninguna oportunidad parecida para exponer mis obras, era una punzada que me decía que no era lo suficientemente bueno. Menos de 50€ por un cuadro era una tontería para mí pero ese ‘por algo se empieza’ me infló un pelín la ilusión pero poco a poco comenzó habiendo más o más fugas cuando el precio de venta se mantenía estable o incluso comenzaba a bajar un poco. 

Miraba desconcertado a mis padres cuando ellos se alegraban porque podía vender alguno de mis cuadros aunque no pudiera comer decentemente más de 3 días con ese dinero. 

Las manos no me temblaban a cada trazo, pero sentía algo dentro de mí temblando, algo dentro de mí con miedo, con pavor de fallar. Frustración cuando trataba de corregir un pequeño fallo y estropeaba otra parte y encadenaba pequeñas modificaciones. Que después de horas de trabajo quisiera tirar el cuadro a la basura, pero mis padres se lo llevaran porque ellos lo apreciaban. Estaba bien que a mis padres les gustara pero ellos no podían ni hacerme famoso ni multimillonario… 


La silueta del rostro de la mujer me había quedado realmente hermosa. Comenzaba a darle más detalles a los ojos esmeralda preciosos. Vi que su nariz era un poco más puntiaguda de lo que quería, iba a corregirlo cuando me sobresaltó por el sonido del telefonillo y luego la voz de mi padre diciendo que ya abría él. El pincel se había deslizado hacia uno de los ojos estropeando gran parte de él. 

Me senté en el suelo notando como si el fracaso me estuviera aplastando el pecho y empujándome a llorar. Mi mejor amigo llamó a la puerta aunque entró sin esperar a que yo le dijera que sí o que no podía entrar. Comentó en primer lugar que no le había respondido a los mensajes y al verme sentado en el suelo teniendo los ojos llorosos, se preocupó bastante. 

-Soy un desastre. No puedo salir, tengo que trabajar en el cuadro- solté abatido.

-Oye, has mejorado mucho…- comenzó admirado mientras se acercaba a él.

- No es suficiente. - respondí mohíno. 


En el momento en que me ofreció ayudarme a arreglar el ojo le dije que no, algo fuerte invadiéndome ese sentimiento de inferioridad. 

Mi amigo dijo que no le costaba nada mientras cogía un pincel, pero me levanté antes de que pudiera hacer nada, quité el cuadro del caballete muy nervioso y lo coloqué dejándolo caer sin cuidado a un lado de la habitación. 

Fácilmente podría haberse dañado el lienzo, pero sentí que me iba a humillar y el cuadro iba a tirarlo igualmente. 


La expresión de él fue de una sorpresa mayúscula y después con una profundidad en sus ojos expresivos que gritaba que estaba bastante inquieto. 

Me dio vergüenza creyendo que me iba a decir algo en tono de reproche o enfado, como ‘¿pero qué demonios te pasa?’, sin embargo, en un instante me envolvió en sus brazos expresando mucho más de lo que podría haberme dicho con palabras. Me quedé paralizado sintiendo ese calorcito que me parecía incómodo a la vez que notaba que él me estaba comprendiendo más allá de lo que probablemente yo me entendía. 


Él le puso un mensaje al resto del grupo diciendo que al final no iríamos a dar una vuelta pero yo le dije ‘no te quedes por mí, ve si te apetece’ pero él negó con la cabeza explicando que lo hacía porque quería quedarse conmigo. 

Indiqué que creía que los demás iban a pensar que había algo entre nosotros que no había y él dijo ‘que piensen lo que quieran, no me importa’. 

Me quedé confundido y me pregunté ¿Qué demonios significa eso? ¿es que él sentía algo de eso? y ya me estaba planteando el momento del rechazo doloroso porque él no me gustaba de esa forma. 

Un buen rato estuvimos sentados en el suelo y apoyados en la pared sin intercambiar palabras hasta que yo insistí en que seguro que el plan con los otros era mucho más interesante que estar sentados en el suelo callados. 


- Sabes que por existir ya mereces amor ¿no? - pronunció de repente. 

- ¿Qué?- exclamé pillándome fuera de combate. 

- Que a mí me parece que me pasa lo mismo que a ti… Nunca sentirse suficiente, siempre estar por debajo, ser peor que los demás ¿verdad?. Me quedé callado por el asombro, porque necesitaba asimilar de que esa imagen de persona ideal que pensaba que él era, también se tambaleaba. No lo somos, y no porque me lo diga mi psicólogo, que también, sino porque es verdad. Ya dentro de poco le pondré velas como a un santo por lo que me ha ayudado.

- ¿Desde cuándo vas al psicólogo?- quise saber, porque nunca me lo había mencionado. Pues desde hace un año y medio. Me contó que hacía ya más tiempo, se sentía presionado por competir con los de clase y eso que su media era de las más elevadas. Pidió una beca para estudiar este curso en el extranjero pero no la logró y uno de nuestra clase sí lo había logrado por superarle en nota 1,5 décimas. Me sentí un inútil incapaz y que si no llegaba a ser el número 1 de la clase era todo esfuerzo perdido. Porque pensé que a efectos prácticos casi llegar a coger el tren, casi poder, ese casi que da igual si fue por 3 segundos que haberme quedado en casa cómodo porque el resultado era que no habría podido subirme aunque es verdad que siempre hay otros trenes. 

El chico que había ganado la beca fue a preguntarme si seríamos compañeros de vuelo y le dije que no. Su cara de lástima me hizo sentirme más insignificante, lo último que quería de él era su compasión. Fue solo un lapsus pero me dije que si él no estuviera, la plaza me la habrían dado a mi. Le miré a los ojos desafiante cuando Imaginé de escenas sacadas de películas, a él con la cabeza ensangrentada, a mi con un objeto contundente en mi mano y yo escapando del lugar sin ser visto. Del enfado pasé al miedo y salí rápido a la calle, del miedo pasé a la culpa porque ¿En qué persona horrible me convertía todo eso?


Se quedó en silencio y yo me encogía de hombros impactado por nunca haber considerado la idea de mi amigo siendo un asesino. 


- Pensaba que era un monstruo, pero mi terapeuta me hizo ver que solo seguía siendo un humano. La mente piensa muchas cosas y todos podemos reflexionar sobre el peor escenario que podemos crear. Los pensamientos, pensamientos son y somos nosotros los que podemos manejarlos decidiendo darles poder o no. Mi psicólogo me dijo que yo había decidido entenderme, ya fuera por miedo a mí mismo, culpa, arrepentimiento , inquietud o cualquier otro motivo, y eso es un acto de valentía. Es un paso que lleva su tiempo dar aunque muchas veces es necesario. Necesario, porque las ideas cuanto más tratas de huir las más nos persiguen y no queda otra que plantarles cara. No hemos de hacerlo solos, podemos pedir ayuda a alguien que nos guíe y conecte con nosotros. 

- Yo también lo he sentido.... Somos mejores amigos y eso a veces me pesaba porque tú siempre hacías todo mejor que yo, te sentía como un rival pero no era capaz de odiarte. Con la distancia y al sentirte más lejos, pudiste ser más rival- acabé por susurrar con un pelín menos de vergüenza. 


Volvió a estrecharme ayudando a sostener esos trocitos de mí mismo que sentí que se habían desperdigado al nombrarlos. Porque parece que cuando algo lo nombras delante de otra persona, ya no es solo tu realidad, sino la de alguien más y eso se siente como hacerlo un hecho, no una sensación. Me alegraba de que mi amigo fuera mi amigo. Los sueños originales del pasado no tenían por qué hacerme feliz realmente y que había muchas maneras de estar satisfecho con tu vida. No hay solo una forma de vivir ni de hacer bien las cosas.  


Ese día se me quedó grabado en la memoria. Retomé el contacto con mi amigo y seguimos hablando mucho por teléfono. Él es un hermano para mí, el hermano que nunca tuve al ser hijo único. Amigos de nuestro círculo social nos decían que si no salíamos del armario. Respondía que a mí no me gustaban los hombres pero no me creían porque ninguna relación con una mujer había cuajado. "No es malo que te gusten los hombres" me dijeron algunos amigos y yo siempre respondía que nadie había dicho que lo fuera, solo que no me había gustado ninguno todavía y si me habían atraído chicas. 


En los exámenes y entregas finales de proyectos, me ponía muy nervioso. Trataba de decirme que la nota no me define, que no soy ningún número en un expediente, sin embargo las emociones y sentimientos tardan en ajustarse a esa nueva realidad. Por fortuna la mano no me temblaba pero tuve unos tres días de dormir peor y no me refiero a cantidad de horas. 

El tiempo era el mismo, no obstante, los sueños tenían componentes estresantes acerca de mis propias expectativas o proyectos ficticios que mi mente me enviaba durante esa historia nocturna y aumentando mis nervios. 

Por lo menos al despertar, no tenía más trabajos que los que casi había finalizado aunque no me sentí demasiado descansado esos días. 

La presión es difícil y con el cansancio no me sentía con tantas fuerzas de concentrarme. Los días de exámenes muy mal lo pasé, las preguntas tipo test bailaban en mi cabeza. Varias opciones me parecían posibles en muchas cuestiones y si no aprobaba el examen con nota mínima, no me hacía media con la nota de trabajo y suspendería. 

Apreté los dientes tratando de recordar lo repasado el día anterior pero no me venían más que dibujos o el nombre del tema en el que estaba. 

Me la jugué y sin salir contento del examen entregué lo que pude sin esperanzas. Lo que más rabia me fue que en ese examen saqué la nota mínima y pude aprobar, pero en otro de desarrollo que había estudiado mucho más, no. 


- No sé cómo lo hace ella… trabaja, estudia, obtiene buenas notas, tiene tiempo libre y mucha vida social- señalé con la mirada a una chica de nuestra promoción que salía de la facultad. - además, en redes sociales pone que se va de viaje a cada puente o mínimas vacaciones que hay…

- Sí, es una chica afortunada - afirmó simplemente mi amigo sin inmutarse.

- Es que encima es maja, inteligente, buena compañera…no me puede caer mal- me quejé - las personas más perfectas alguna falla tiene que tener. Enfermedades, familias desestructuradas… Algo ¿no?.  

- No tiene por qué. La vida no es como las películas, pero hay personas que sí tienen más suerte, si queremos llamarlo así… 

- Pues yo no… han sido un desastre estos exámenes.

- Trataste de poner lo que sabía aunque al leer el enunciado confuso quisieras llorar y salir corriendo porque no lo entendías - señaló muy convencido - eso es un logro. 

- Tú siempre ves cosas positivas, pero ¿Y si no lo hubiera hecho? ¿Y si lo hubiera dejado en blanco? - respondí algo frustrado. 

- Ir al examen es intentarlo, aunque lo hubieras dejado en blanco.

 - ¿Y si no hubiera ido al examen? Hay gente que no va ¿Ellos fracasan? 

- Claro que no. Muchos se organizan mejor para la siguiente convocatoria o para el año que viene. 

- ¿Y los que dejan la carrera? - pregunté de nuevo. Parecía que quería pillar a mi amigo en sus respuestas pero a la vez, necesitaba soltar esas cuestiones. 

- El camino de cada uno no tiene por qué ser igual ni en línea recta. Si algo nos supera o no cumple con lo que creemos que es mejor para nosotros, podemos cambiar sin remordimiento. 

- Hay gente que no estudia ni trabaja porque no pueden. - añadí aunque la cosa estaba desvariando un poco. 

- El valor de uno no depende de si trabajamos, de si estudiamos, de lo que tenemos, de lo que no tenemos... 

- ¿Y si no quieren? 

- Si no quieren no valen ni más ni menos como persona. Puede que tengan más dinero por cuestiones circunstanciales como herencia, ingresos pasivos, lotería... Pero si no se aprovechan de los demás, si es de manera ética y legal, si no infligen daño, es una manera de vivir igual de válida. Es que en este mundo en el que todo se centra en el progreso, parece que las personas conservadoras que no buscan eso, que no tienen ambición, que no buscan más y más, son un fracaso. 

- Es que son vagos 

- Eso también lo pensaba antes, pero vago parece que es un estigma social, ¿Qué es ser vago? Claro que hay que trabajar por ciertas cosas, pero ahora parece que ‘vago’ es el que no se rompe los cuernos trabajando. Nadie debería de hacerlo por necesidad, hay gente que se conforma con media jornada laboral, pueden vivir dignamente y dedicar su tiempo a algo que les guste. Hay gente que le gusta trabajar y está bien, hay gente que no y también está bien. Eres afortunado si te gusta pero eso no define si eres mejor o peor persona, si eres o no feliz, igual que si no te gusta no eres directamente infeliz si hallas otras cosas que te alegren.

 - ¿Entonces el fracaso qué es? - quise saber. 


Hubo silencio mientras consultaba el móvil. No sabía que estaba haciendo pero supuse que era por un mensaje importante. Resulta que estaba mirando en internet.


 - Fracaso, malogro, resultado adverso de una empresa o negocio. Fracasado, dicho de una persona: desacreditada a causa de los fracasos padecidos en sus intentos o aspiraciones. 

Es lo que pone en el diccionario y es que hay acciones que fracasan, intentos fallidos en muchas cosas que hacemos y otras tantas las logramos. Lo que da miedo de que te llamen fracasado es que la gente no confíe en ti porque en el pasado te fue mal ¿Y qué si te va mal? Eso no significa que te vaya a ir mal en el futuro. No todos vamos a poder ganar siquiera algo de dinero de lo que nos gusta y no es el fin del mundo aunque lo parezca. No bailo bien, no canto bien, no juego bien al ajedrez ¿Y qué? Porque lo malo de todo esto es que nos identificamos con lo que no logramos porque nos juzgamos demasiado por habilidades. Las habilidades son parte de nosotros, no cabe duda pero... ¿Y ser personas? Ser personas tiene un valor intrínseco que nada tiene que ver con lo que podemos o no hacer. Ver un día más es una suerte que no a todos se les concede. Apreciarlo a mí antes me parecía un discurso barato del estilo "como los que fracasan no pueden llegar a lo alto, han de conformarse con ser feliz con lo mediocre. Es un consuelo desesperado" pero... Después mi psicólogo me dijo "mira las noticias pensando en la gente que no ve un hoy ¿son menos personas los que mueren siendo bebés?" y es que no es mediocre, es ver lo que es importante para ti en vez de para otros. ¿Cuántos famosos caen en adicciones? ¿Cuántas personas encuentran en el dinero mal gestionado un infierno? Porque en la cima no hay felicidad directamente, hay cosas que tienen su valor como el reconocimiento, influencia, poder pero se puede vivir sin todo eso, se puede ser digno y amado sin eso. 

- Pero es que yo no he hecho nada para merecer amor. 

- Hay una fortuna muy especial en no vivir en un lugar donde no hay guerras, vivir 24 horas más es habitual. Una fortuna que a veces nos hace olvidar esa belleza y que no hay que hacer nada extraordinario para ser amado. Existir. Merecer o no merecer eso ¿Quién lo decide? ¿Qué quiere decir esa palabra? Una forma de validación externa hacia lo que una persona puede o no lograr… Tenemos lo que tenemos y somos quienes somos. Estar bien no ha de ser motivo de tristeza para otros ni culpa propia o ajena. 

- La gente me va a olvidar rápido, si no llego a lo alto. 

- Todos seremos olvidados, antes o después. Igual que vivir, recordar es un ciclo que comienza y acaba. Da miedo, sí, se puede evitar, no. 

- Pero si dura más... Mejor. 

- Eso ya depende de cada uno ¿verdad? Hay gente que sacrifica su bienestar, su vida, su tiempo por algo y una de esas es ser recordado más tiempo. Puedes hacerlo, claro que sí, es tu elección pero siempre hay que pagar un precio que no todos estamos dispuestos a pagar y otros que sí. Esa es otra trampa ¿No? Que parece que si no eres feliz, que si la mayoría del tiempo estás angustiado, que si estás triste, que si las cosas te duelen, que si estás enfermo, que si no acaba tu vida con satisfacción, con tus sueños cumplidos, con tropecientas flores en tu funeral, es mejor que no hubieras nacido. Pero es que cada persona es irreemplazable y la vida con lo que ¿Mejor para quién? ¿Para esa persona? ¿Eso quién lo decide? Vive y deja vivir en este mundo de azar. No lo detengas. La cosa se había ido mucho por las ramas a raíz de un examen que despertó preguntas existenciales y filosóficas. - Gracias - es lo que pude decir ante tal discurso casi ansioso de palabras que brotan con fuerza. - Perdón -se rió de su misma intensidad - es que me emociono cuando hablo de lo que me ha enseñado mi psicólogo. 

- Podrías escribirlo ¿No? Todo esto - sugerí. - ¿Y por qué no lo escribimos los dos? 


Y eso fue lo que motivó estas páginas. 

Que fortuna tenernos como amigos y ahora mismo vecinos de calle por pequeñas fortunas que nos dió la vida igual que encontrarnos. Su casa como extensión de la mía a 200 metros de distancia y viceversa. Acabé la carrera, nunca me llamaron para presentar mis pinturas en famosas galerías. Voy de trabajo y de proyecto artístico en proyecto artístico. Haciendo mis pinitos que no era lo que había esperado, que no unos disfruto más que otros mientras busco cada día el camino que quiero seguir. Lo que sí le pedí a mis padres fue esa caja de dibujos de cuando era pequeño y no quise tirar, simplemente para tenerlo ahí como recordatorio de por qué comencé a pintar... Como forma de expresión, como forma de liberación, porque lo disfrutaba y porque quería que esa siguiera siendo mi causa. No hacerlo y que se pueda admirar la técnica mejor o peor, no estará bien pulida pero ahora que lo miro me acuerdo más de esa temporada en el que lo pinté, lo que sentí, lo que pensé pintando y el recuerdo emocional solo mío que podía compartir con mi mejor que a lo mejor no siempre me entendía del todo, pero me escuchaba. 

No sé si en el futuro podré vivir de lo que me de la pintura ni si seguiré viviendo en la misma calle con mi amigo cerca, pero ahora puedo disfrutar otra vez de los pinceles, de los colores sin importar tanto si tengo o no un don a los ojos de los demás sino que tengo un refugio propio. Un refugio recuperado con mucho esfuerzo, trabajo y constancia de la que no se mide en contactos, ni firmas aunque no menos valioso para mí.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Ecos de madrugada

Ecos de madrugada. Es muy típico que de madrugada uno se despierte y algo común, como tener que ir al baño, nos saque de ese sueño en el que podíamos volar, nadar sin tener que contener la respiración o besar a la persona que amamos en secreto… Aunque hay veces que esas pausas son bienvenidas si el sueño es desagradable como llegar tarde, que al menos para mí, es más estresante de lo que en la realidad resulta ser. Sin embargo los sueños son solo eso, sueños, pensarlos pero no sobrepensarlos. Varias veces no los recuerdas en concreto, sólo si te hacían sentir cómodo, incómodo o si al menos te permitieron recargar algo de batería. Maldigo con la mitad de mí en el subconsciente y la otra en la realidad, que mi vejiga sea tan traicionera (y más al llegar a cierta edad) pero si cuando me despierto y no es por ella suele sentarme mucho peor, interrumpir el cine de sábanas blancas por nada... ¡es una vergüenza!, no obstante, tengo la ventaja de no tener que moverme un centímetro de mi cama m...

Seremos recuerdos

(Por favor, no me consueles diciendo que esa persona no supo ver lo increíble que soy y se arrepentirá de haberme dejado ir). Nunca me rozaste más que para darme un abrazo, nunca tu pelo acarició mi mano más que por accidente, nunca me miraste más allá de lo que podías ver, ni me sorprendiste por detrás rodeando mi cuerpo con tus brazos ni al girarme me diste ningún beso.  Nunca me quisiste de esa manera exclusiva y especial igual que los amantes que se esconden en la penumbra de la noche.  Nunca me trataste como alguien diferente ni me diste el privilegio de ponerme antes de todos tus planes. Nunca pasó nada de eso, aunque a mí me daba igual. Te seguía poniendo delante y después el resto.  Me gustaría llamarte amor en vez de necesidad pero no sé cuál de las dos eres.  Me gustaría llamarte paraíso en vez de oasis porque así tendría certeza de que te elijo porque quiero y no porque no tengo más opciones.  Querría que estuvieras en mi futuro porque te amo y no por...

Nuevo brote

(Para gente que no conozco y querría dar ánimos. La humanidad brilla entre los escombros cada día. Gracias por luchar cada instante en medio de toda la tormenta. Ojalá os guste. Todos los ánimos del mundo 🌱) Creció fuerte como un árbol, enérgico, contento, soñador, fuerte y humano.  Iba de camino a clase como cualquier otro día teniendo que coger el tren. Una mochila cargada de apuntes en la espalda y en la cabeza otras tantas cosas relacionadas con la universidad.  Nada volvió a ser como antes, después de un instante.  Una afilada hacha segó el tronco del árbol en un abrir y cerrar de ojos hiriéndole de forma irreversible. Rompiendo su vida, sus planes, su futuro, su todo. El hacha de guerra de personas insatisfechas que optan por la violencia sobre otros cuyas vidas no pueden ser de nuevo reemplazadas.  Dicen que son oprimidos por un sistema que no les atiende, pero ¿Y las secuelas que él tuvo? ¿Y todas las personas que dejaron de vivir? ¿Y el dolor de sus seres q...