SEGUNDO MANIFIESTO
El título es literalmente de lo que va esta reflexión, aunque nada que ver con rituales espirituales ni nada metafísico en un principio.
Una completa ironía sacada del mismo autor un poco cochino del relato de “Lírica gastada”.
Yo solo soy la voz que escribe lo que pensó él, más o menos.
Ahora hay 3 interpretaciones en vez de dos. Una de él, una mía y otra del lector.
De un mensaje reinterpretado se pierden matices y se ganan otros. Esperemos que los ganen sean acordes a lo que este curioso hombre querría, a pesar de que nunca el lector lo sabrá pues en la conversación que tuve con ese tal tipo nos encontrábamos solos. También en principio.
Ojalá que nadie se ofenda ni piense que este texto es como el típico “no te ofendas, pero eres (insulto cualquiera que no voy a escribir)”, entre no amigos, claro.
Y bien dijo aquel poeta poco convencional que mal pensó una vez (porque es lo que como coloquialmente se conoce, que el autor está en total desacuerdo con esta expresión.
Él lo cambiaría por algo así como llevarlo a terrenos físicos, carnales, reproductivos o algo así…) mirando unos chiquillos en una cancha de baloncesto.
Un niño dijo “¿Jugamos a un a un mete, saca?” Para luego carcajearse por esos pensamientos con segundas y dobles significados que por algún motivo nos dan vergüenza enmascarada con risa.
La dinámica era que si metía una canasta un equipo, ese mismo era el que tenía la pelota primero para empezar después.
Obviamente el juego debía de ser algo equilibrado, con una defensa medio decente puesto que si no, solo hay un equipo que sacaba siempre y otros que simplemente se resignaban a su destino.
En fin. ¿Y por qué cuento yo esto? Puede que el lector se esté preguntando, a lo que respondo que, según este hombre fue el momento en el que la chispa de su disquisición surgió.
Aquel poeta también comentó que por qué daba tanta vergüenza, “las cosas que del cuerpo pueden salir”. Siendo un sistema biológico que intercambia materia con el medio… por qué daba tanta vergüenza eso de ver a alguien expulsando materia y no tanto incorporando.
En el caso de que sean desechos, la persona que reflexionaba tuvo la hipótesis de que el cuerpo humano reaccionaba con repulsión hacía ellos. Percibiendo ese mal olor, ese mal aspecto visual, ese color y textura…No fuera que, por desgracias de la vida, equivocaras desecho con comida. Al revés sucede y mucho con los humanos no demasiado desarrollados. Ven algo verde, una planta y bastantes se quejan con las ensaladas, marean las lentejas y negocian a base de astucia con sus padres. Unos ceden, otros no, la mayoría a veces.
El olfato es un sentido a veces muy infravalorado.
Sobre todo porque va unido al gusto y hace que la comida te sepa a bizcocho, a tarta, a guisantes o alubias en vez de solo salado, dulce, amargo, ácido… y en cuanto al umami dijo que en esos berenjenales no quería meterse pues nunca había tenido claro si ese sabor podría percibirse sin el olfato… ese “sabroso”.
Como una vez él escuchó y ahora dice, no quería realizar una “introducción de pierna”, donde para el resto de mortales menos originales, era “meter la pata”.
Por las ramas siempre tendía irse este hombre y encaminado solía regresar diciendo un “bueno, al grano”.
Cabe destacar, que yo tomé ese hábito que ni bueno ni malo es de por sí.
Así que…
Bueno, al grano.
Comprensible es el bochorno en la adultez si desde pequeños, en clase cuando a alguien un gas se le cayó, algo sonó, fuerte se olió y exhaustivamente se investigó por parte de un compañero que a varios asientos su nariz pegó.
Literalmente de los labios del señor salieron “Cuán caza de brujas allá por los años donde Matusalén vivía”.
Analizando más a fondo la combinación de ambas expresiones llegamos a un sinsentido.
Incongruencia no léxica, sino más bien de orígenes lingüísticos que si los relacionadas, llegamos efectivamente, a una incongruencia.
Matusalén es un personaje del antiguo testamento, cuando no existía el cristianismo mientras que la caza de brujas que popular se hizo con la Inquisición es justamente por la defensa de formas morales cuestionables, de la religión cristiana.
Es probable que aquel ser por su cabeza no se le pasara esa pequeña reflexión y que yo no me detuviese en la suya. La sesera de cada uno es la de cada uno y por ello, las cosas con las que nos comemos el tarro son diferentes.
Volví a enrollarme como las persianas…
El caso es que pobres zagales y adultos de los que se toman tan a pecho esas risitas en tono bajo de compañeros.
El autor desea destacar la verdad como un templo, de que si no expulsamos esos gases producidos por las bacterias que intervienen en la digestión, nos convertiremos en globos que paulatinamente explotarán y morirán…
Quien dice globo, dice hinchazón letal, pero ningún ser vivo dice que ha visto (aún vivo) inflado “como un globo”.
Alguien le contó que por el campo, halló una vaca muerta cuyo cuerpo en descomposición había producido metano.
Ese alguien le dio una patada al inocente cadáver de vaca y éste se tiró un “pedo” muy grande que olía horriblemente mal.
En un inciso destaco que el poeta y su interlocutor pasaron a hablar del calentamiento global que por suerte no me contó a mí porque la conversación comienza y acaba en páramos inhóspitos y lejanos.
Aquí seguro que él habría mencionado la expresión de “donde Cristo perdió su sandalia”. Que vale el contexto para las personas que no viven allá por Oriente Medio…
En consecuencia, a mí me gusta más decir “por las chimbambas” porque siempre vale independientemente del lugar de residencia.
La acepción de la Real Academia Española de la palabra chimbambas es “lugar lejano e indeterminado”.
De nuevo me voy por los cerros de Úbeda yo también. (Acabo de enterarme de que Úbeda es un lugar situado en un lugar más grande llamado Jaén que se conoce como la ciudad de los cerros…)
Recapitulando…
El mal olor en las personas induce a pensar falta de higiene y, actualmente, pobreza, cuando antes en los años en los que los ordenadores no existían (y bastante antes), la gente presumía de no bañarse.
Modas curiosas hasta que la ciencia avanzó, la higiene se hizo vigente, las enfermedades infecciosas disminuyeron y la esperanza de vida subió.
Y no todas las cosas que se expulsan no son desechos sin quitar ese desagrado que nos producen.
Como un corte de digestión que acaba en vómito y jugos gástricos desparramados por el suelo con mal olor, muy mal olor.
Incluso, sin llegar a echar bilis por el suelo y comida a medio digerir, incómodo es cuando alguien sin querer se le escapa comida de la boca al reír, da asco por la saliva que no es desecho…
La saliva es muy importante. De las primeras líneas de defensa corporales en nuestro aparato digestivo.
La pega, es que (como ya habréis adivinado de tanta repetición) oler bien no es que huela.
Esta persona señaló sin yo saber demasiado bien el hilo de su razonamiento, que si algo huele mal, muchas personas tienen, tenemos, tendrán, tuvieron la manía de olerlo de forma un pelín compulsiva hasta que se podían asear.
Incluso el pelo, cuando un pelo se coló en el plato de comida de otro, esa persona dijo “ay, que asco”.
Casi como la caza de brujas de los gases, la del pelo, comparando colores y longitudes…
Muchas maneras de perder el tiempo pero a todos se nos cae el pelo, y la piel solo que si es a trozos pequeñitos, nadie lo suele notar. Nadie lo nota hasta que el polvo se acumula y los ácaros llegan.
O la sangre, que no mareos sino asco.
El hombre habla de la sangre que no es un desecho, la sangre fresca que se producen en las heridas, a pesar de si éstas son superficiales.
En raspones que ni siquiera sangran, a veces el cuerpo produce sustancias que huelen un poco mal y son algo amarillas.
El sistema linfático, dicen, y eso suele dar más asco que la sangre.
Aunque a veces sí que la sangre es un desecho en el caso de que la preparación de la llegada de un embrión haya sido en vano…
Al final el señor llegó a la conclusión de que de las pocas cosas que expulsamos y no dan “demasiado asco” o es un asco tolerable debido a la circunstancia de su llegada, son los bebés.
Pero en fin, qué menos, al nosotros haber sido uno de ellos.
Esa fue su divagación, la divagación poco convencional que aquel poeta/pensador/autor/hombre compartió conmigo.
La conclusión final fue que, si bien, no pretende que la gente deje de mantener una higiene mínima ni de ser educados, hay cosas que, aún cuando algo de vergüenza causa, no tienen que ser un drama cuando suceden ni arruinar ningún día.
Porque todos tenemos un cuerpo que intercambia materia con el medio.
Todo independientemente de la repulsión de materia expulsada frente a la incorporada.
Y menos mal que la que incorporamos no nos da repelús o moriríamos de hambre o de asco o acabaríamos acostumbrándonos, que me parece la opción más probable.
Que el poeta algo cochino dijo que cochino era y no por ello sus padres le rechazaron.
Solo le ordenaron que se diera una ducha, aunque las cochinadas no siempre se lavan así.
Él se sigue considerando “cochino" haciendo metáforas grotescas o satíricas que a él en el fondo tampoco le parecen tanto.
Cochino solo es un nombre publicitario con el que se atreve a narrar las cosas más banales pero que a la mayoría no le gusta escuchar ni imaginar ni recordar ni hablar.
Pero no son cochinas en sí.
Luego pensó y preguntó… ¿Y qué es ser cochino?
Un calificativo despectivo para que la gente no moleste a otras personas con cosas que nos han enseñado, que en general molestan. Podría ser una definición algo tomada con pinzas.
No obstante, dialogar sobre temas que no se suelen abordar no es cochino, es hacer de algo incómodo, tabú o incluso dramático, algo natural.
Al menos el poeta “cochino no cochino”, me dio la razón en cuanto a que esa ligera vergüenza (ligera, que no tener ganas de que la tierra te trague), posee algo de encanto.
Encanto desde el punto de vista de la clasificación totalmente subjetiva en la que con las personas que no tienes (o tienes menos) inconvenientes de hablar de eso de vez en cuando, hay mayor grado de confianza.
Esperemos que algún otro día, “cochino no cochino” nos deleite con algunas más de sus “cochinadas no cochinadas” y reflexiones tan suyas que las quiere hacer tan nuestras.


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