Muchas cosas comienzan con la pregunta limpia de un niño.
Estaba empezando a leer y me preguntó “¿Crees que el punto le gusta ser un punto? Es que es muy pequeñín”.
Me reí diciendo que los puntos no son seres vivos, no tienen conciencia ni sentimientos pero… ¿Y si?
…
Creo que mi trabajo tenía una de las tareas más extrañas del mundo.
Sentado en la oficina del Consejo de Letras, abría el correo y de vez en cuando, me llegaba alguna queja.
Alegatos de situaciones que se percibían como injustas desde el otro lado y yo no sabía demasiado bien como manejarlo.
El año pasado, el punto final señaló su descontento por quedarse siempre a la cola.
Por ser quien ve las caras de decepción de la gente o su enfado cuando las cosas no salen como querían; por ver los suspiros de alivio por haber llevado a término una obligación pesada y en ocasiones, la tristeza cuando se acaba algo que gustó y quería que continuara un poco más.
El regusto amargo es perpetuo y se hace pesado.
Mi trabajo fue explicarle que a veces los finales son amargos y otras veces son agradecidos mientras todos son necesarios para poder así iniciar nuevos proyectos.
El punto y seguido y el punto y aparte, tampoco estaban conformes dado que casi nunca podía averiguar cuál iba a ser la expresión y opinión de los lectores poniendo en perspectiva el total de la obra.
Veían solo un trocito de su reacción, pero no la global.
A él le expliqué que eran necesarios para que el texto respirara y fuera legible.
Las palabras raras nunca estaban conformes por salir tan poco. A veces solo libros de texto específicos de esos que todavía huelen a imprenta 20 años después de salir de la fábrica, tal vez en las versiones no adaptadas de los que se escribieron hace 500 años o que poca gente las conocía y por ello no las usaba como tal sino su definición.
De la conjunción “y” recibí por lo menos 5 quejas formales de aparecer tantas veces que nadie reparaba en ella. Incluso apareciendo una vez más de la necesaria o quizás si no aparecía, algunos lectores muy veloces ni se enteraban.
Casi nadie estaba conforme con el papel que le había tocado aunque todos tenían uno.
Tenerlo no sé si es suficiente pero quizás es mejor que no tener ninguno.
Acabé enviando otro correo más de condolencias disfrazado sutilmente de ánimos. Espero que les sirva de consuelo. Yo ya puse el granito de arena que me correspondía y no podía hacer más que aceptarlo sea cual sea el resultado.
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