Ir al contenido principal

Aquel libro

Aquel libro



Todavía recuerdo aquel libro que saqué de la biblioteca en la calle secante a donde vivía. Cobertura negra con el título en letras doradas y góticas.

Contaba la historia de dos personas que habían tenido mil y un adversidades pero que lograron estar juntos al fin.

Yo quería a alguien así, a alguien a quien amar, que me quiera, con quién dormir abrazado o que me despierte tiernamente con un beso haciéndome sentir única, que me haga sentir completa, alguien que me ayude a luchar contra los problemas y a afrontarlos juntos, alguien con quien compartir mis miedos, mis ilusiones, mis secretos, mis pensamientos, mis emociones y en definitiva, mi vida entera.

Entonces apareciste tú, tan amable, empático, servicial, educado, gracioso, bueno, sincero, hermoso, demasiado bueno para alguien como yo.

Sin embargo sin saber el motivo pensamos lo mismo, también sentías lo mismo que yo. La euforia y la alegría que me otorgaba cada mirada, sonrisa, caricia, palabra, me provocaban escalofríos, y temblores repentinos en las piernas.

Te observaba y lo único que podía pensar era en lo que te amaba y lo que estaba dispuesta a viajar hasta el fin del mismísimo universo solamente para estemos juntos, sonando un poco exagerado e incluso demasiado empalagoso pero era realmente como me sentía, con él todo lo demás daba igual.

Sin embargo, por circunstancias externas, tuviste que marcharte, lejos de mi lado. En mi mente visualicé una escena perfecta e idealizada de cualquier película romántica.

Le ofrecí un billete y sin siquiera molestarme en recibir el cambio, abrí la puerta del taxi corriendo lo más que pude con mi ligero equipaje de mano.
Entré en el aeropuerto sabiendo que la puerta de embarque a la que debía de ir. Pregunté a todas las azafatas, y me informaron que el avión en el que él salía, despegaría en dos minutos.
De una manera que no podría explicar, abrí la puerta que daba a la pista de despegue. Su avión comenzaba a moverse, y para detenerlo, tuve que interponerme en medio de su camino haciendo señales hasta que el piloto se detuviera.
Unos guardias me detuvieron y después de sacarme de allí, vi que él salía del avión y me acompañaba de vuelta a casa.
Al día siguiente, convencí a mis padres que no podía vivir si no estábamos juntos, y ellos muy comprensivos, decidieron mudarse a unos 1300 kilómetros de la ciudad dónde habíamos consolidado toda nuestra vida’

En los libros, se decía que si realmente amabas a alguien, os enfrentaríais hasta con una deidad por estar unidos, pero en la realidad es todo mucho más complicado.

Sufrí pero la vida te enseña que la única manera es superarlo y aceptarlo, nadie puede decir que no te quería. Jamás te olvidé, pero se cierran puertas y se abren otras nuevas. 
Puede que estuviéramos destinados a pasar un capítulo esencial en nuestras vidas pero no a finalizar toda nuestra historia juntos.
El tiempo hace que madures, y numerosa gente va y viene siendo imposible cerrarte a ellas por una sola, esto no te dejaría vivir tranquilamente y te harían colapsar.

Lo único que importa es que todo el mundo te enseña algo nuevo. Tú me enseñaste concretamente a que en cierta ocasiones, el amor no es suficiente y que desplazar a una diferente parte de tus mente está muy lejos de olvidar.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Nuevo brote

(Para gente que no conozco y querría dar ánimos. La humanidad brilla entre los escombros cada día. Gracias por luchar cada instante en medio de toda la tormenta. Ojalá os guste. Todos los ánimos del mundo 🌱) Creció fuerte como un árbol, enérgico, contento, soñador, fuerte y humano.  Iba de camino a clase como cualquier otro día teniendo que coger el tren. Una mochila cargada de apuntes en la espalda y en la cabeza otras tantas cosas relacionadas con la universidad.  Nada volvió a ser como antes, después de un instante.  Una afilada hacha segó el tronco del árbol en un abrir y cerrar de ojos hiriéndole de forma irreversible. Rompiendo su vida, sus planes, su futuro, su todo. El hacha de guerra de personas insatisfechas que optan por la violencia sobre otros cuyas vidas no pueden ser de nuevo reemplazadas.  Dicen que son oprimidos por un sistema que no les atiende, pero ¿Y las secuelas que él tuvo? ¿Y todas las personas que dejaron de vivir? ¿Y el dolor de sus seres q...

Frente a una fuente

  Me aburría estando en un banco de piedra, mirando una fuente enfrente cuyo flujo parece ser parecido pero nunca igual. Escuchaba el arrullo de una paloma y algunas personas a mí alrededor hablando entre ellas, pasando por el jardín. Me fijé en las hormigas caminando por el banco, por el suelo y preguntándome si cuando me levantara alguna se habría agarrado a mi ropa, si la aplastaría o si conseguiría sobrevivir en un terreno inestable. Cuando estás acompañado no te fijas tanto en el sonido de los pájaros ni en el movimiento del polen de finales de primavera,en que apenas hay viento que mueva las hojas de los árboles ni que el cielo está despejado cuando por la mañana estaba gris.  Y está bien.  Observar y reflexionar sobre ciertos detalles es muy relajante al tiempo que compartir conversación con alguien, te hace sentir menos solo.  Y menos solo me sentí en este momento mientras imaginaba a las personas con las que querría estar charlando. Será el plan de otro día,...

Seremos recuerdos

(Por favor, no me consueles diciendo que esa persona no supo ver lo increíble que soy y se arrepentirá de haberme dejado ir). Nunca me rozaste más que para darme un abrazo, nunca tu pelo acarició mi mano más que por accidente, nunca me miraste más allá de lo que podías ver, ni me sorprendiste por detrás rodeando mi cuerpo con tus brazos ni al girarme me diste ningún beso.  Nunca me quisiste de esa manera exclusiva y especial igual que los amantes que se esconden en la penumbra de la noche.  Nunca me trataste como alguien diferente ni me diste el privilegio de ponerme antes de todos tus planes. Nunca pasó nada de eso, aunque a mí me daba igual. Te seguía poniendo delante y después el resto.  Me gustaría llamarte amor en vez de necesidad pero no sé cuál de las dos eres.  Me gustaría llamarte paraíso en vez de oasis porque así tendría certeza de que te elijo porque quiero y no porque no tengo más opciones.  Querría que estuvieras en mi futuro porque te amo y no por...