Demencia
Su mirada transparente y sincera me atravesó y en un momento de lucidez recordé quienes éramos.
Ahora era capaz de verlo en sus ojos...Siempre habían sido ellos, solamente ellos pues no habían cambiado desde el instante en que se cruzaron con los míos. Su sonrisa sincera seguía siendo capaz de transmitir una total y completa sensación de sosiego y seguridad a mi desestabilizada vida a pesar de que en su interior su alma estuviera inquieta.
Sus dedos torcidos se entrelazaron con los míos más nunca dejaron de tener la magia de conectar todos mis sentidos en un solo pensamiento.
Intente agarrarme a aquel flotante atisbo de claridad a la deriva en medio de un inmenso mar lleno de lagunas.
La otra vez no tarde mas de 15 minutos en que las olas del olvido me engulleran ferozmente y temía en verdad de que está fuera la última vez que la vida me brindase junto a la persona que más quería.
Que se alejara de mi sin siquiera tener la oportunidad de pedirle que se quedara.
Sentía que pronto el portal que conectan mis recuerdos con mi mente se cerraba pero le di las gracias señalando que no estuviera triste porque habíamos tenido una vida maravillosa.
Me prometió antes de marchar que me intentaría hacer recordar todos los días lo reales que éramos.
El mundo se desconectó y quedó únicamente un cuerpo vacío, una cáscara de lo que me contuvo.
Aunque yo no lo pudiera ver, nuestra historia jamás se ausentaría.
Si desaparecía, él estaría ahí para recordarlo por los dos.
Si él partía, nuestros hijos guardarían nuestro legado.
Y finalmente si aquello también acabara por deteriorarse, siempre quedará en el fondo de aquel lago esa roca de los deseos en forma de corazón que lanzamos aquella mañana de primavera.

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