Ecos de madrugada.

Es muy típico que de madrugada uno se despierte y algo común, como tener que ir al baño, nos saque de ese sueño en el que podíamos volar, nadar sin tener que contener la respiración o besar a la persona que amamos en secreto… Aunque hay veces que esas pausas son bienvenidas si el sueño es desagradable como llegar tarde, que al menos para mí, es más estresante de lo que en la realidad resulta ser. Sin embargo los sueños son solo eso, sueños, pensarlos pero no sobrepensarlos. Varias veces no los recuerdas en concreto, sólo si te hacían sentir cómodo, incómodo o si al menos te permitieron recargar algo de batería.
Maldigo con la mitad de mí en el subconsciente y la otra en la realidad, que mi vejiga sea tan traicionera (y más al llegar a cierta edad) pero si cuando me despierto y no es por ella suele sentarme mucho peor, interrumpir el cine de sábanas blancas por nada... ¡es una vergüenza!, no obstante, tengo la ventaja de no tener que moverme un centímetro de mi cama mullidita.
Todo hay que decir, que en general siempre acabo por descargar mi vejiga aunque no esté llena porque mejor aprovechar el lapsus a arriesgarse a volverse a despertar más adelante... Creo que tengo ese hecho tan interiorizado que hay veces que he intentado quedarme en la cama pero no he podido relajarme por completo hasta acudir al váter.
Cuando voy al baño siempre evito encender la luz a toda costa. En mi casa es fácil porque me sé el camino perfectamente, pero cuando te encuentras en un sitio como un hotel junto al mar, una casa rural en la montaña, el apartamento de un ser querido, necesito coger el móvil para alumbrar un poquito, no con la linterna que eso es cegador, me conformo con la luz del fondo de pantalla cuando descubro que tengo una foto oscura… pero bueno ya la cambié a otra que me gusta y más clara y la de colores apagados, la puse en mi perfil.
Al volver de mi expedición nocturna, no es rara la pequeña desgracia de darle una patada a una de las zapatillas de estar por casa, que siempre pongo para no mancharme al caminar descalzo pero que nunca uso si no es hora de comenzar la jornada. Esto se debe a que calzárselas implica ver algo y hacer ruido al pisar, lo cuál aumenta las probabilidades de despejarme y ya si despierto a alguien, que me acaba hablando, adiós a conciliar el sueño fácilmente.
En los momentos de ir al baño trato de lograr el equilibrio perfecto entre estar lejos del colchón lo menos posible, no chocarme con nada, ir más bien de puntillas para no hacer ruido y ensuciarme menos los pies y moverme lo suficientemente calmado como para no despejarme al entrar en alerta. Parece de risa, pero es el reto de seguir medio dormido y lo suficientemente despierto como para tener cuidado de hacer el viaje al retrete lo más calmado posible...
Admiro a las personas que abren un ojito, miran que faltan 20 minutos y son capaces de echar una cabezada más. Por desgracia no pertenezco a ese conjunto de afortunados, sino al equipo de los que si llevan ya 6 horas de sueño ganadas, comienzan a ponerse nerviosos porque en hora y media suena el despertador.
Un truco que me funciona para conciliar el descanso es el de aspirar aire lentamente, contando mentalmente y despacio hasta 8 o 10 (depende de lo que me dé esa noche mis pulmones si no estoy con catarro) y después soltar el aire contando también pausadamente. El cuerpo se relaja, te concentras en controlar la respiración para que sea un poco más lenta y es cierto que a mí eso me devuelve el sueño. Yo he notado que me cansaba un poco al probar a ralentizar un poco la respiración aún cuando estoy totalmente despierto.
Un truco que me funciona para conciliar el descanso es el de aspirar aire lentamente, contando mentalmente y despacio hasta 8 o 10 (depende de lo que me dé esa noche mis pulmones si no estoy con catarro) y después soltar el aire contando también pausadamente. El cuerpo se relaja, te concentras en controlar la respiración para que sea un poco más lenta y es cierto que a mí eso me devuelve el sueño. Yo he notado que me cansaba un poco al probar a ralentizar un poco la respiración aún cuando estoy totalmente despierto.
Hay veces que olvido ese truquito y simplemente me tumbo y cierro los ojos. Coger el móvil y cotillear las redes sociales es condenar a mi descanso hasta la siguiente noche y aunque no muchas veces ocurre, esporádicamente, me resisto un poco. Con suerte me duermo y si no, suelo dar vueltas a las preocupaciones, reflexiones sobre el sueño que acabo de tener (si es que lo recuerdo), objetivos, personas, noticias de los medios, el pasado y el posible futuro, porque la mente no para nunca además de que suele olvidar la mayoría de cosas que piensa.
Todos tenemos nuestras maneras más o menos saludables para lidiar con nuestra cabeza en momentos como la quietud de la noche en la que el aburrimiento es tangible, el silencio reina y aún no ha amanecido pero comienza a clarear el cielo.
Mi forma, es escribiendo historias y reflexiones que en un momento dado decidí compartir por si alguien se sentía inspirado o a alguien simplemente le hacía sonreír o pensar.
Pero no os lo toméis demasiado en serio, coged las partes que os sirven, como casi todo, porque cada uno de nosotros es un pequeño microcosmos en sí mismo y este solo es un intento de arte de una persona que siempre tiene un pie en los ecos de madrugada.
Pero no os lo toméis demasiado en serio, coged las partes que os sirven, como casi todo, porque cada uno de nosotros es un pequeño microcosmos en sí mismo y este solo es un intento de arte de una persona que siempre tiene un pie en los ecos de madrugada.
Comentarios
Publicar un comentario