Sé inmortal.
Era la muerte siempre presente y acompañándonos. Pudiendo tomar cualquier forma que pudieras imaginar, un veloz coche que surgió de una espesa niebla, una enfermedad repentina, un rostro desconocido o uno que desgraciadamente no lo conocías tanto como pensabas, una sustancia, un cuchillo, una bala o incluido tú mismo
Ser olvidado. Al desaparecer físicamente, solo puedes permanecer en el recuerdo de las personas con las que te relacionaste, las hazañas y obras que construiste aunque fueran de manera anónima. En contraposición, también puedes ser recordado por todo el daño que causaste, las ilusiones, sueños, aspiraciones que hiciste añicos o el alivio y despreocupación al desaparecer de sus vidas... Tú decides la manera en la que quieres que ser recordado.
Ser ignorado es no haber nacido, crecido, amado o existido.
Peor que morir es nunca haber vivido.
Puede ser también, que vivir sea un castigo que la muerte nos levantara tarde o temprano, o puede ser que después de esta vida, esté esperando por nosotros un sufrimiento insoportable.
Me atormentaba esa idea insondable escondida en el escondite más profundo mi mente.
Para remediarlo, cojo un libro, y en él plasmo todos aquellos pesares que pretendían infructuosamente cuestionar las barreras del morir, o del no vivir.
Dono el libro a la biblioteca y lo coloco ordenadamente junto a otros en una gran estantería, seguro de que mi reflexión será leída y con ello poder vivir un poco más. Porque yo quiero ser recordado
¿Y tú? ¿Qué harás para conseguirlo?
(Esto es un ensayo de escritura pero no refleja la realidad.
Visitar el enlace de la reflexión sobre la Impermanencia:
https://ecosdemadrugada.blogspot.com/2026/01/impermanencia.html)

Comentarios
Publicar un comentario