NUNCA OLVIDAS
(No es bonito que saber la verdad duela más que vivir en la ignorancia, cuando en ocasiones no podemos controlar el descubrirlo y tampoco el olvidarlo.
Entonces, lo único que podemos hacer es aceptar que es más sencillo que olvidar. Aceptar es difícil pero olvidar es casi imposible.)
Caminaba por la calle tranquilamente y sin prisas en un día de principios de año.
El frío era penetrante y los dedos se me entumecían volviéndose cada vez más rígidos a pesar de estar abrigados con unos guantes de lana azul oscuro que yo misma tejí.
Cada año que pasaba, estaba más segura de que la edad hacía mella en mí, sobretodo con el problema de rodillas que poseía y que dañaba mi independencia.
Dentro de unos pocos meses, iba a ser mi quincuagésimo primer cumpleaños y realmente no me hacía ni una pizca de gracia.
Entré en el colmado para comprar dos redondos de pan de centeno.
Me situé esperando mi turno tras una mujer de unos 30 años que custodiaba un carrito en el que solo podía alcanzar a ver en su interior unas sábanas rosas y azules.
A mis oídos llegó un sonido bastante fuerte y agudo, se trataba de su bebé chillando, quejándose y reivindicando más atención de la que recibía.
De repente, otro niño de 5 años que andaba corriendo toqueteando todos los productos colocados cuidadosamente en las estanterías de madera, jugando contra las leyes físicas en una batalla de antemano pérdida que amenazaba con romper algún que otro tarro frágil, corría inconsciente de un lado para otro, hasta que algo lo paró en seco.
Chocó conmigo haciendo que el pan se me cayera al suelo y se partiera uno a la mitad.
Me agache para recogerlo mientras observaba como le sermoneaba la mujer que esperaba delante de mí.
Se giró hacia mí mostrándome su mirada. Aquellos ojos me resultaban realmente familiares, trate de recordar exactamente el momento en el que los vi, al descubrirlo, un estremecimiento me recorrió la columna vertebral sorprendiéndome y aterrorizando me al mismo tiempo.
“Mi mente viajo en el tiempo a un día de verano 30 años antes.
No recordaba nada con demasiada precisión. Las imágenes y escenas se formaban en mi mente como si del carrete de una película se tratara, ordenándose de manera determinada rememorando lo que por tantos años creía ya haber relegado.
Era de noche y solamente iluminaba tenuemente la calle las lucecillas esperando a ser apagadas por el farolero y el resplandor difuminado de la luna creciente entre las nubes.
Solo era capaz de escuchar el sonido de mis propios pasos hasta que unas voces rasgaron aquella tranquilidad tan estable. Se oían cada vez más próximas.
Aparecieron al final de la calle, unos 29 metros, dos hombres robustos y observando su estado, se podría decir que una excesiva cantidad de alcohol circulaba por sus organismos.
Aún conservo en mi mente momentos borrosos, me di la vuelta disimuladamente y lo próximo que recuerdo es que inmediatamente se habían echado encima asaltándome.
Unos ojos muy grandes verdes apagados y feroces me escrutaban recorriendo con ellos cada detalle de mi cuerpo desprotegido y desamparado.
Nueve meses después, di a luz a una niña con aquella mirada que me hacía revivir lo que tanto dolía.
Al no poder soportarlo, con una profunda tristeza tome una de las elecciones más duras que cualquier mujer no sabe lo que hacer realmente hasta que la hora llega.
Salí a las cinco de la madrugada hacia la plaza en aquellas horas desierta, pero que durante las horas de luz, bastante gente recorría, cubriéndome la cabeza con un pañuelo.
Me detuve junto a una papelera, y deposité cuidadosamente el cesto de mimbre en el que su pequeño cuerpecito se hallaba envuelto en una manta de lana color azul cielo.
Me alejé y escondí tras un edificio, esperando 3 horas para asegurarme que quien se la llevara fuera a cuidarla bien.
Una señora se acercó a la cesta curiosa y al mirar en su interior, quedó maravillada. Mi presentimiento fue que era perfecta, además, con su rostro de felicidad no iba a tener valor de impedir que se la llevara.
Se fue por una calle y la estuve mirando hasta que giró y desapareció"
- Perdone por las molestias. Le pago los dos panes- me ofreció
Era ella, pensé. Una madre, posee un sexto sentido para identificar a sus hijos.
Esos ojos verdes tan suyos, con esa sonrisa tan mía, eran inconfundibles.
Aquellos dos niños, eran mis nietos.
Todo el esfuerzo que hice para no llorar fracasó, al mismo tiempo que ella me sometía bajo su atónita mirada de confusión.
RABIA
Simplemente me quedé conmocionada. Mi cerebro tardo en asimilar toda la información e idear en una respuesta unos 5 minutos.
Durante ese infinito intervalo de tiempo solo me quedé observando como sus lágrimas empapaban su cara, sin que se me ocurriera alguna palabra de consuelo.
Entonces experimenté una acumulación de energía que desconocía tener. De mi surgían únicamente pensamientos de rechazo, rabia, disconformidad y angustia. Temblaba.
Es bonito
Creer y pensar que naciste como fruto de un amor consumado, perfecto entre dos personas idílicas.
Una adoración recíproca, los protagonistas de una novela rosa bestseller del verano pasado. La envidia de muchos
Es bonito
Divagar sobre la idea de ser alguien querido, deseado, esperado, amado.
Que al nacer te separaban de ellos por razones que nadie alcanzaba conocer.
Imaginar la manera en la cual dos personas luchan incansablemente contra las adversidades, armados con su amor irrevocable para al fin llevarte de vuelta a casa.
Es bonito
Pensar cada vez que no puedes dormir, y te asomas a la ventana y visualizar los edificios tan altos con cristales oscuros extendidos hasta donde la tierra se junta con el oscuro cielo cuya más bella protagonista es la luna presentada por aquellos lindos puntos de luz que en realidad de cerca eran totalmente inmensos.
Errar en tus fantasías, en que al mismo instante, alguien te tenía en cuenta, te quería encontrar. Pensar que eres motivo de felicidad y dicha
Es bonito
Que alguien te encontrara y que te criara como a uno más de sus hijos.
Soñar con poder conocer a quien te vio nacer, y juntos formar de nuevo una familia indivisible que gobernaría en un mundo totalmente subjetivo que tu propia mente se había inventado.
Pero la realidad no se asemeja a lo que todo el mundo quiere creer.
...
Me odié a mi misma por conocer la verdad, me odié por cosas que jamás habría sido capaz de cambiar.
Odié a la madre que me había permitido nacer y a la madre que me había acogido como su hija sin conocerme.
Odié al mundo por haberme hecho ser el fruto de los tan egoístas e inhumanos actos de un hombre verdaderamente despreciable, por simplemente compartir una gota de mi sangre con alguien tan monstruoso.
Odié aquella idea repulsiva de la que no podría hacer más que aceptarla.
Simplemente odié hasta que nada más ocupo mi mente, solo la llama de la rabia y la ira ardía en mi interior que me hacía sentir fuerte, mientras al mismo tiempo, me destruía.
No es bonito.
Que allí estuviera aquella desconocida cuya sonrisa veía todos los días en el espejo. Deseaba ayudar a aquella mujer que tanto a mí se asemejaba. Que rompía a llorar de la misma manera que yo lo hacía. Me destrozaba la tristeza y la angustia.
No es bonito
Cuando descubres que fuiste fruto de una agresión, de la violencia, del egoísmo de una persona y el dolor y sufrimiento de otra.
Que fuiste resultado de un infortunio y que para la persona que te llevo dentro compartiendo su sangre no eras nada más que una maldición o motivo de sufrimiento.
Saber que las lágrimas de alegría que tanto me había imaginado, serían lágrimas de dolor, arrepentimiento, confusión y amargura.
No es bonito.
Que cuando al fin conoces a tu madre, ella no es la reina de un lugar donde existe la magia, los unicornios o sirenas y tú no eres la princesa heredera y querida que creías ser.
Que al escucharla, descubres que tú padre no dio su vida valerosamente por hacer sus sueños realidad, sino que se hizo el protagonista de sus peores pesadillas.
No es bonito en absoluto.
Observar como la persona que te llevo dentro y vio nacer lloraba simplemente por el dolor que irremediablemente yo lo transmitía a través de la mirada de un hombre que le importaba más saciar sus deseos que el bienestar de aquella joven.
No es bonito en nada.
Mirar a la cara a una persona y que te recuerde a todo lo que por años trataste de dejar atrás.
Mirar a la cara a una persona y hacerla llorar sin consuelo, sin saber que hacer, sin saber que decir, sin saber cómo actuar.
No es bonito
Que lo único que se te pase por la cabeza para consolarla sea convertirte en otra persona totalmente diferente.
Que lo único en lo que piensas es en la mala suerte que tuviste al haber nacido.
Que lo único que desees es combinar lo que ya lo es posible tratando de arreglar lo que es irreparable.
No es bonito ni agradable
Que saber la verdad duela más que vivir en la ignorancia.
Que te arrepientas del día en el que encontraste la respuesta que tanto deseaste desde que fuiste dotado de memoria.
No es bonito
Que desees vivir en el cuento de princesas de tu mente en el que jamás eres encontrada.
No es bonito, pero es la vida.
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