Era una de las veces en las que me había sentado enfrente del ordenador abriendo un documento totalmente en blanco.
A diferencia de otras anteriores, estaba 100% no ocupado ese fin de semana. Sin compromisos familiares ni sociales, sin exigencias laborales ni personales.
Ya había acabado de ver el día anterior la mini serie que me habían recomendado y tenía pendiente así que mi parte del trabajo estaba hecho. Ahora era el turno de los productores de sacar la siguiente temporada y volverme a ‘mandar deberes’.
La barra del cursor parpadeaba haciéndome sentir nervioso. Sentí que me decía un “estoy lista e impaciente para moverme, así que comienza a pulsar las teclas”, sin embargo, no sabía muy bien cómo empezar. Sí quería, el problema era que las ideas no fluían.
El móvil sobre la mesa se encendió al llegar una notificación de Instagram. Se trataba de una amiga preguntándome si había visto la historia de X persona, una de las incontables de las que hablamos el día anterior que salimos a dar una vuelta.
Abrí la aplicación y respondí con rapidez que ahora iba a hacerlo. Deslicé el dedo pulgar hacia abajo para que se actualizaran las publicaciones, y justo delante de mis ojos vi una foto de una cuenta de citas y frases que decía “los momentos más inesperados son los que menos decepcionan pues no tenías expectativas sobre ellos”.
Toqué dos veces con rapidez la pantalla añadiendo un ‘me gusta’ antes continuar buscando y descubrir que X estaba de vacaciones en una hermosa playa mientras yo andaba mirando por la ventana de mi habitación con una sudadera porque tenía un poco de frío.
Me animé recordando que dentro de medio año llegaría mi momento de tomar el Sol, pero hasta entonces, debía de continuar con mi rutina.
Dejé el móvil a un lado tratando de volver a concentrarme en la hoja en blanco y superar ese ‘bloqueo creativo’. Comencé a pensar en la playa que acababa de ver, el mar, el sol, un cielo despejado… aunque ya no supe continuar.
Algo de mi tiempo libre quería aprovechar, teniendo en cuenta que no demasiadas veces tenía tiempo como tal, sin hacer nada y cuando lo tenía por las noches, los ojos se me cerraban. Si no era una cosa, era otra y me sentí frustrado.
Reflexioné sobre la frase que vi en la publicación. Ciertamente resonaba con mi estado actual en el que me estaba castigando sin justificación al no ocurrírseme nada más interesante de lo normal. Nada innovador y ningún tema que me apeteciera narrar en ese momento.
Había dado por hecho de que al disponer de dos días limpios, podría utilizarlo de una manera determinada y no que lo acabaría por ‘desperdiciar’.
Mi expectativa de crear contenido no era la más acertada. Yo no vivía de escribir, sino que para mí era simplemente un pasatiempo.
Actualmente lo último que me apetecía era que se convirtiera en una obligación detestable.
La mayoría de las veces, ‘la chispa’ aparecía en situaciones o circunstancias en las que no tenía apenas tiempo para desarrollarla. Me despertaba por las noches y antes de volver a dormir, pasaban por mi cabeza como una estrella fugaz. Tomaba la forma de un pensamiento y aunque había noches en las que me tentaba la idea de desvelarme, normalmente apuntaba dicha idea en el móvil para dedicarle posteriormente unas horas sin tener que robarlas a mi sueño.
No me importaría ser un poco nocturno, pero el horario laboral no se modificaba en función de mis aficiones sino al contrario.
Decidí ir a la cocina, tomarme un yogur cremoso de merienda y dar una pequeña vuelta por la calle. Volví a entrar en redes sociales leyendo varias frases de un montón de usuarios que colgaban mientras formaba mi propia opinión sobre ellas…
Había comenzado a hacer públicas algunas de mis reflexiones, ideas o pensamientos por si alguien le apetecía escucharlos.
En numerosas ocasiones no estoy del todo satisfecho con un escrito, me parece que falta ‘algo’ sin saber exactamente el qué.
Tras unas semanas, lo vuelvo a releer y me pregunto por qué antes no me acababa de convencer pues no le veía ya pegas.
Es probable que ese ‘algo’ era una nueva perspectiva, incluso el olvido de esa sensación de incompletitud del pasado.
Me parece bonito compartir partes de uno mismo con los demás igual que otros han elegido hacerlo anteriormente conmigo.
Consumimos grandes cantidades de información, no obstante, es al prestarles atención y aplicándolas a uno mismo, cuando pueden abrir tu mente y enriquecer tu punto de vista.
Al final todo era un ciclo en el que determinadas personas queríamos llegar a comunicarnos con otras contribuyendo a agrandar ese espacio creado y conocido como ‘internet’.
Millones de luces flotan pero no todas se ajustan igual a las diferentes situaciones y experiencias de quienes las contemplan.
Similar a leer un mismo libro años después, las palabras son idénticas, más tú y tu manera de percibirlas puede haberse transformado.
Desde mi punto de vista, vale la pena explorar debido a que cuando una de esas chispas es descubierta y le das la oportunidad de alumbrar tu camino un pelín, reconoces esa sensación de ligera gratitud por sentirte menos solo.

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