(Dos personas actúan sabiendo que algo pasa entre ambas, no porque crean que el otro no lo sabe, sino para fingir un poco que no lo sienten tan importante y evitar ser vulnerables. Cuando se necesita abrir el corazón...)
Abriendo mis ojos encontré los suyos recordando enseguida la noche anterior. Me dio los buenos días y un suave besito en la nariz.
Yo sabía que ella estaba pensando en eso, ella sabía que yo estaba pensando en eso.
Dos personas que actúan diferente mientras en sus mentes el mismo momento se repite en bucle.
Aquella mañana la frialdad y el silencio reinaban en mí, aunque ella trató de compensarlo con su calidez y sus palabras amables y cantarinas.
Se movía por la cocina como una corriente de aire vivo.
Me preguntó qué quería desayunar al tiempo que me encogía de hombros sin parecer desanimada por mi desgana.
Varios “te quiero” en el aire y sonrisas encantadas mezcladas con silencios incómodos, el tintineo de las cucharillas, los sorbos al café o el crujido de las galletas al ser masticadas.
Esas galletas… las mismas que con cariño yo le había cocinado la semana pasada.
Parece que la preocupación por hacer una mezcla suave, colocar las pepitas de chocolate y hornearlas sin pasarme no dio el resultado esperado puesto que no eran las mejores que había preparado.
Tampoco estaban nada mal aunque eso no era suficiente.
La perfección nunca era suficiente si era para ella.
Me abrazó, me acarició…
Tan próximos que en mi piel sentía sus pestañas y respiraba sus suspiros, tan lejos que mis pensamientos no eran oídos.
Fingiendo que no había pasado nada al tiempo que su apego y apoyo decían todo lo contrario.
Iba a salir de su casa hacia una larga jornada entre fogones con un suspiro en mis pulmones y un nudo en el corazón.
Me abrazó remarcando lo contenta que estaba por tenernos y que ya me extrañaba pese a no haberme ido aún.
Mis labios sellados recibieron el contacto de los suyos.
Nuestras miradas encontradas gritaban inseguridades en un silencio sepulcral.
Los chillidos se deslizaron a los lados de mi cara cuando la puerta se interpuso entre nosotros.
El eco de su voz resonante, expresando que nos tenemos.
“Tenernos”… tan vacía la palabra como una mentira.
¿Es una esperanza o una maldición?

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