NIETO
Mis padres me habían dado ya la paga semanal el viernes.
Eran 5€ que antes gastaba para comprar alguna chuche con mis amigos, sin embargo, actualmente los guardaba en la hucha.
Llevaba mes y medio sin gastar nada porque quería comprarme una consola de segunda mano y le había echado ya el ojo a un catálogo de juegos.
Valía unos 150€ la consola nueva pero esperaba que pudiera hallar alguna oferta por 120€ o así.
Incluso había quedado con mi mejor amigo, que sus padres se la habían comprado por el cumpleaños, para echar unas partidas juntos.
Desde que tengo 7 años me siguen dando la misma paga y ahora lo que antes era una fortuna se ha convertido en escaso en plena adolescencia.
A mis amigos les daban por lo menos 10€ todas las semanas para salir por ahí y tomar algo con los amigos e incluso a uno de mi grupo le daban el dinero además de pagarle las salidas.
Mis padres me respondieron que podía tomarme algo perfectamente con 5€ y que me pagarían una cena al mes pero si no, ya tenía que ser de mi bolsillo.
Estaba cansado de la excusa de “la situación económica de cada familia es diferente” y que cuando les conté que los padres de mi amigo no tenían sueldos elevados, sacaron la justificación de “sus padres y nosotros no tenemos las mismas prioridades”. Me frustraba que no me entendieran, algo que para mí estaba tan claro como el agua.
Me parecía muy injusto eso de ser “el raro” que acompañaba a cenar a los compañeros y solamente miraba.
Los colegas me dijeron que podía pedirme una hamburguesa pequeña aunque ya les expliqué que quería comprarme otra cosa.
Por lo menos llegaba el domingo e iba a ver un momento a mis abuelos dándome otros 5€.
Pulsé el timbre enseguida abriéndome la puerta mi abuela.
Me invitó a entrar muy cálidamente y la saludé con dos besos.
Preguntó que tal estaba todo, si había salido con mis amigos o si había aprendido alguna cosa nueva en la escuela.
Igual que ella llevaba 8 años haciéndome la misma cuestión, yo le daba casi la misma respuesta. Sí o no había estado con mis amigos y en el colegio nada en especial.
Cuando era la época de los exámenes añadía un “tengo mucho que estudiar” o “he sacado un 7 en lengua” a lo sumo.
Algo de comer me ofrecía y yo declinaba su oferta.
Me tocó esperar unos minutos para saludar a mi abuelo que se estaba cambiando de ropa, solo para repetir lo que ya había comentado al querer saber lo mismo que la abuela.
No podía evitar preguntarme por qué era necesario transmitir el mismo mensaje insustancial a ambos en persona si eran capaces de comunicarse entre ellos.
Les di un beso a cada uno de despedida poniendo la excusa de que tenía que estudiar.
En verano solía poner que me estaban esperando mis amigos pues era verdad que les veía prácticamente todos los días.
Agitaron sus manos igual de sonrientes y recordándome que si necesitaba algo o me apetecía, podía pasarme por allí siempre.
Antes era un poco mal trago eso de ir los domingos prácticamente porque solo iba a recoger los cinco euros, no obstante, desde que me dijeron que a ellos no les importaba para nada, me sentí algo más tranquilo.
Parece que tenían que hacer las tareas de la casa con lo que estaban entretenidos.
Coloqué las monedas en la hucha con forma de cerdito estando un poco más cerca de mi objetivo.
ABUELOS
Los dos ancianos cerraron la puerta tras ellos un domingo más mirándose expectantes.
- ¿Te parece que de verdad vendrá a enseñarnos la consola? - le preguntó ella a su marido. - parecía muy ilusionado.
- Me inclino a pensar que no, sinceramente. No estoy seguro.
- Ya nos dijo nuestra hija que no era necesario que le diéramos más dinero al niño si nos sentíamos mal o que expresáramos lo que nos gustaría realmente. - lamentó la mujer un poco confusa.
- ¿Crees que la nena tiene razón? - quiso saber él.
Ella se encogió de hombros explicando que le gustaría que su nieto pasara más tiempo con ellos, que tenía la sensación de que le pagaban 5€ para verle 5 minutos los domingos.
Le parecía entonces que ese tiempo se volvía menos valioso dado que estaba motivado por el dinero, no solamente por querer verles.
Mintió a su nieto piadosamente afirmando que a ellos no les importaba eso de que él mismo apenas se quedara en su casa, excusándose con estar ocupados.
En realidad, ambos buscaban algo de entretenimiento para matar la mañana, pero por atender y saber de su nieto lo dejarían todo sin remordimientos.
- No quiero hacerle sentir presionado al chiquillo para que se quede si no es lo que quiere realmente. - comentó la mujer con voz nostálgica.
- Te entiendo bien, a mí también me gustaría que viniera más. Al menos parece que usa bien el dinero para cosas que le gustan ¿No? - intentó animar él fijándose en el lado algo más positivo.
Ambos se abrazaron consolándose un poco.
Tantos años y la dicha de que aún no se sentían vacíos sino que se llenaban el uno con el otro como el primer día.
- Yo solo quiero verle cada semana - admitió ella en un susurro.
- Lo sé, cariño y está bien. Que no venga no significa que no nos quiera. Es entendible que se aburra un poco con nosotros o le atraiga estar con sus compañeros o él solo. - comentó dándole un suave beso en la frente.
Se miraron una vez más de esa forma tan cálida y reconfortante aceptando que ahí no había elecciones ni buenas ni malas, solo las hechas desde el corazón.

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