(Muchas veces, no necesitamos que alguien entienda con exactitud lo que nos ocurre, simplemente es suficiente con que nos hagan sentir validados y apoyados).
“Sudor en la frente, presión en el pecho, manos apretadas en un puño, ganas de gritar, de llorar, de lanzar objetos y golpearlos.
Todo ello con el objetivo de liberar esa fuerza, esa energía que me quedaba y me consumía por dentro.
Agudizado por la frustración del descontrol.
Abrumado por las circunstancias en ese momento. Desbordado al notar cómo el mundo se caía encima de mí, queriendo aplastarme.
No era sencillo en ese momento organizar mis emociones y pensamientos.
En el ojo de la tormenta agarré la tela de mi pantalón arrugándola en un puño. Por debajo las rodillas notaban la presión de mis dedos resistiendo el pico del huracán.
En unos minutos, siempre amaina dando paso al cansancio permitiéndome descansar.
Tras un difícil momento, he de salir de casa sintiéndome solo una vez más en este vasto mundo de personas serias.
Era un lugar árido, hasta que descubrí que yo era una expresión imperturbable más. ¿Por qué esperar a que alguien más me sonría para sonreír?
Ahora me atrevo a mostrar mi cansancio, mi confusión o desilusión y soy capaz de notar esa amabilidad y empatía, esos ánimos en forma de palabras o incluso esa mirada, esos labios un pelín alargados que rompen la frialdad.
Es sencillo olvidar que todos somos humanos.
Desde el que te parece más reservado al más expresivo, del más tímido al más atrevido, del más introvertido al más extrovertido, del más nervioso al más calmado, del más hábil al más torpe, del más carismático al más discreto.
Lo que nos muestran las personas, son solo un trocito de ellos mismos, de su vida, de sus circunstancias, de lo que les hacemos sentir.
Todos pasamos mejores y peores rachas.
Tenemos nuestras preferencias y gustos cambiantes.
Días en los que la energía nos sobra y otros en los que nos falta.
Nuestros puntos fuertes y aspectos en los que podríamos mejorar.
Sentimientos, impulsos, momentos de incertidumbre, confusión, insatisfacción, frustración.
A veces no creemos que nadie pueda entendernos pues no nos comprendemos ni a nosotros mismos.
En ocasiones, no ocurre nada destacado y solo nos notamos mal.
Enfadados, irritables, apáticos, tristes o puede que alegres, motivados, pacientes e incluso en un estado extraño e inefable …
Puede ser un cúmulo de sucesos sutiles, cambios físicos o simplemente porque es una de los estados de ánimo posibles.
Como es probable, tan solo, sucede mientras que lo que es menos probable, sucede menos.
No nos gusta esa sensación confusa, no poder poner nombre ni determinar la causa exacta de nuestro estado.
Nos estresa el descontrol, sobre todo si es acerca de nuestro propio cuerpo.
Aunque no es agradable, es un hecho igual que muchos otros que no podemos cambiar.
Con las cartas que conocemos y tratamos de evitar las jugadas que pensamos que tienen más posibilidades de ser catastróficas.
Lo que suceda más tarde, depende de muchos factores que no podemos dominar.
Al menos eso es a lo que me aferro a la hora de aceptar las circunstancias o resultados desilusionantes.
Una vez alguien me enseñó una forma de actuar en el caso de que algo perjudicial hubiera sucedido.
Podíamos primero arreglarlo, si no, intentar compensarlo y si tampoco, ya solo quedaba aceptarlo.
El lugar donde existimos es un enorme sistema caótico e impredecible.
Algunos piensan que lo que ocurre es por una razón, que tienen un propósito que no cesan de buscar o por el que entregan sus vidas.
Otros creen que simplemente las cosas pasan y van como hojas al viento sin un objetivo claro disfrutando cada brisa.
Otros que depende de la época creen algo diferente…
Cada uno tiene un punto de vista y no son incompatibles a la hora de coexistir.
A todos parece que nos mueve un propósito, ya sea conservar o proteger lo que tenemos, esforzarnos por lograr algo más, el miedo a lo desconocido incluyendo la muerte, a estar solos o tal vez la esperanza de un futuro mejor.
Las alternativas parecen abismos cuando es cuestión de renunciar a algo que sientes parte de ti pero te va arrastrando, te va pesando, te va aletargando.
Los cambios y el tiempo dejan marcas de lo que dejamos atrás.
Espinitas en el corazón por algo que sucedió o que no lo hizo.
Cambiamos de manera natural movidos por el entorno sin nunca dejar de ser humanos.”
Llego al punto final del texto y suspiro fatigado.
Me parece que nunca me cansaré de leer sobre emociones, reflexiones, historias o sentimientos.
Me invitaron a autoconocerme, a pensar en lo que quiero aunque más bien sobre lo que no quiero.
Todo parece ser un lío imposible de deshacer y a través de los relatos como este, parece como si el autor me abrazara, trajera la tranquilidad en momentos confusos, me escuchara o fuera un amigo que no conocía.
Un susurro ahora queda en el aire :
"Si sentiste que yo era tu voz es por nuestra humanidad compartida."

Comentarios
Publicar un comentario