Ir al contenido principal

Un universo en pañales

 



Siempre me gustaron los niños. Tan tiernos, pequeños y graciosos. Mi hija, por desgracia, ya era mayor. Había ya traspasado la época en la que se echaba a mis brazos, sin embargo, aunque me dejaba achucharla, se quejaba cuando duraban más de lo que ella consideraba necesario.

Ya se había marchado de casa, se iba a ir al extranjero y era prácticamente independiente. 

Íbamos paseando por la calle en una de esas ocasiones cada vez más escasas cuando nos paramos con unos conocidos que hacía poco habían tenido un bebé. 

Mi primera reacción fue darles la enhorabuena y asomarme al capazo haciéndole monerías para escuchar su risa dejando caer el chupete. 

Esos ojos tan grandes y despiertos, su piel suave y lisa, su boquita todavía sin dientes, su fino cabello, su naricita redondeada y sus mofletes esponjosos expresando alegría. 

Su sonrisa angelical se tornó seria y sus gorjeos se apagaron de repente. 

Era porque mi hija había fijado su mirada en la suya con la misma cara que solía poner a la hora de enfrentarse a un problema que tenía que ser resuelto.

El bebé estaba a punto de romper a llorar aunque sonrió ligeramente cuando mi hija ablandó su expresión y le ofreció su dedo índice para que él lo agarrara con una de sus manitas.

Nos despedimos y le comenté que había intimidado a la pobre criatura de esa manera rozando lo analítico.  

Ella se rió encogiendo sus hombros contestando que es que le había parecido muy interesante. 

El calificativo "interesante" no era el que yo asociaría a un bebé, más bien adorable, entrañable, mono, pequeño, frágil, gracioso... 

Mi hija no lo rebatió, no obstante, señaló que yo tampoco podía negar que fuera curioso o interesante explicando su punto de vista.  

"Más allá del desarrollo hasta convertirse en adulto, que es fascinante, me pregunté cómo sería él. Cómo será su aspecto, su personalidad, su vida. ¿Tendrá pecas o manchas del sol? ¿Qué lunares le saldrán? ¿tendrá una cicatriz en el codo por caerse jugando o será en la rodilla? ¿Se teñirá el pelo? ¿querrá hacerse un pendiente o un tatuaje? ¿cuál elegiría? ¿Cuáles serán sus sueños? ¿Cuáles serán sus miedos más poderosos? ¿Cuáles serán sus creencias más extrañas? ¿Qué será lo que más vergüenza le dé? ¿Será feliz en general? ¿Cómo? ¿Quién será su primer amigo? ¿Quién será el último? ¿Traicionará? ¿Será traicionado? Seguramente decepcionará y será decepcionado ¿Por quién y a quién? ¿Amará a alguien en secreto? ¿A alguien del trabajo, de la escuela, de la calle, de internet? ¿Cuán fuerte será golpeado por las circunstancias y cómo logrará ponerse en pie? ¿A quién ayudará? ¿Quién le ayudará? ¿Qué será lo que le gustaría haber o no hecho? Sus padres y los médicos han estado cuando nació ¿Quién estará junto a él cuando abandone este mundo? ¿Familiares, amigos, desconocidos, solo?”

Por la acera, vimos a una niña que estaba comenzando a caminar y mi hija preguntó en voz alta que si esa personita algún día conocería al bebé de mis amigos y qué papel tendría en su vida. 

“Cuando veo un bebé, inconsciente, inocente, pequeño, frágil, maleable como un trozo de arcilla… me preguntó cómo serán sus formas futuras. Muy necesitados llegamos a un lugar complejo aunque protegidos a la vez por unos padres amorosos que nos cuidan, quiénes tienen la fortuna. 

En un mundo tan complejo, tan desafiante, tan cruel y bello a la vez, todos sobrevivimos aferrándonos a algo para poder seguir hacia delante, alguna motivación algún sueño o esperanza ¿Cuáles serán las suyas?¿Qué marcas le dejará este viaje en su piel y en su corazón? Como un libro en blanco esperando a ser rellenado sin saber cuántas páginas tendrá”.

Nos miramos, yo asombrada sin saber desde cuando ella había madurado tanto. 

Ya era una mujer, esa niña a la que hacía trenzas o le hacía ilusión llevar un vestido con 5 años a clase. 

La misma que a medio día me informaba alegre de qué le habían enseñado o que había respondido bien al profesor en clase.

La misma que no quería acudir por las tardes de nuevo al colegio y se dormía tan tranquilamente cuando se aburría abrazada a su peluche que nunca olvidaba meter en su mochilita. 

La misma que alguna pataleta montó en un supermercado, la que se quejaba por tener que estudiar inglés, hacer deberes, aprobar exámenes por la típica retahíla de que era bueno para su futuro. 

La misma que secaba su pelo cada vez que la bañaba y con la que me había enfadado cuando ella aún pasaba la mayor parte del tiempo en casa antes de estudiar fuera. 

Ahora había dado bien los primeros aleteos fuera del nido, poco a poco y paso a paso, igual que cuando yo la soltaba y ella caminaba patosa y tambaleante hacia los brazos de su padre. 

Tras ese momento, no dejé de hacer bobadas a los niños. 

Había tiempo para reflexionar y tiempo para disfrutar de la simplicidad de las cosas, sin mirar más allá, solo aquí y ahora.

De todas formas, seguí recordando esa conversación, una de esas que se quedan guardadas.

Todos habíamos sido un universo en pañales y me sentí orgullosa del que se había convertido el que yo había criado. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Índice por orden alfabético

  ÍNDICE DEL BLOG Antes de la adultez 👦👧👨‍🦰👩‍🦰: ¿Realmente querría volver a mí infancia?  Apelación a un reloj 🕰️: Nadie escapa de su cárcel. Aquel libro 📖: Las historias a veces difieren de la realidad. Actuar 🤝: Fingir sabiendo que la otra persona. Saber que la otra persona también finge. Atormentar a los vivos 🌪️: Los vivos suficiente tienen con estar vivos. Atrévete 👁️👁️: Léelo y lo entenderás. Aún te oigo 👂: no te veo pero aún te oigo. Cándido 🍭🍬: la vulnerabilidad no es debilidad ni desconocimiento. Castigo en el jardín 🏡: la vida a veces es como cuando te castigan en el jardín. Cielo 🩵  : ¿Tienes cielo favorito? Clemencia 🙏: ¿La habrá? Coincidencias premeditadas 💌: a veces las coincidencias se buscan Consolar 🫂: No hay una forma. No es obligatorio. Del aburrimiento a los refranes 📖🗣️: el gusto de decirlos. Demasiado 😶‍🌫️: Golpes directos al hígado de la motivación. Demencia 💭: Pero fue una vida hermosa y larga. Desde mi refugio 🏰: H...

Pasérido (gorrión)

( Porque algunas cosas deben de morir para que otras nazcan o sigan viviendo ). Cuando era pequeño siempre me hablaron de la muerte. Dejas de respirar, tú corazón se para, el cerebro se apaga y no puedes volver a hablar ni a ver a esa persona.  La muerte tiene ese tinte de final definitivo e irremediable que suena terrorífico, pero lo que a mí no me habían contado del todo era que ese tipo de final no era el que necesariamente siempre nos separa de nuestros seres queridos.  Yo siempre creí que mis amigos del colegio iban a ser siempre mis amigos. Tenía miedo de que cuando cada uno tomara su propio camino, ya no nos veríamos apenas.  Me prometí internamente que haría lo posible para seguir en contacto como mensajes recurrentes, contarnos novedades y anécdotas, quedar siempre que pudiéramos… No obstante, al finalizar nuestros estudios en el centro, las cosas cambiaron de forma distinta. Todo era diferente al no vernos cada día 6 horas por obligación.  Los mensajes se v...

Coco y el olvido

COCO (contiene spoilers y es recomendable haber visto la película antes): Con este texto lo único que pretendo es hacer pensar y mirar un poco más allá de la superficie.  Coco es una película de animación producida por Pixar Studios Animation inspirada en la celebración mexicana del Día de Muertos. Destaca mucho la importancia de la familia como personas que nos recuerdan después de la muerte física. Mientras nos recuerden los vivos, los muertos estarán en el mundo de los Muertos y al ser olvidados desaparecerán de ese segundo mundo (segunda muerte y muerte final). Resumen para recordar la trama:  Miguel es un niño mexicano que le gusta mucho la música y admira muchísimo a Ernesto de la Cruz, un famoso guitarrista, pero en su casa la música está prohibida. Al poner una ofrenda con las fotos de los fallecidos en el altar, los muertos pueden ir a visitarles. En las fotos de la ofrenda se le cae la foto de su tatarabuela (mamá Imelda) que está con Coco de niña (la bisabuela que e...