(Desear lo que deseas y no complicarse más.)
Ese beso suave, esas yemas en la mejilla, esa presión en el pecho, ese hormigueo en el abdomen o esa parálisis no parálisis en el que te puedes mover pero como no sabes qué hacer exactamente, permaneces como una estatua que respira.
Ahora tienen nombre, rostro, sonrisa y voz.
La puerta se cerró tras de ella y nos miramos.
Como estar bocabajo, como volar lejos, como tener los pies anclados al suelo, como dos notas arbitrarias que juntas te recuerdan a una canción, un olor que te hace revivir una caricia, unos ojos similares a los huecos entre de las nubes por los que se filtra un rayo de Sol que calienta el cuerpo.
Caminando rápido hacia mí dándome la sensación de que iba dando saltitos de alegría contenida.
Y ese abrazo… tan dulce y rico de los que últimamente me nutrían el alma, la motivación, la ilusión.
Nuestros rostros enfrentados y la mente buceando entre emociones.
- Te he echado de menos - susurré acariciando su nariz con la mía.
- ¿Sabes qué? Mi deseo se ha cumplido - comentó sonriendo con sus dedos sobre mi mejilla.
Le pregunté alegre cuál era dicho deseo, feliz también porque se hubiera hecho realidad.
- Volvernos a ver. - contestó muy dulce.
Fruncí el ceño pues, a pesar de nuestra ajetreada rutina semanal, ¿Por qué no íbamos a volver a vernos?
Habíamos quedado a esa hora en ese lugar, vivíamos en la misma ciudad, en el mismo barrio sin intención de mudarnos, ninguno de los dos tenía ninguna enfermedad fatal ni extraña y tampoco nos habíamos peleado. Lo más probable era que aquello sucediera.
Ella se encogió de hombros con una actitud divertida.
- Lo pediré las siguientes semanas igual que lo pedí la pasada.
- Es que en general los deseos que se suelen formular son los que son complicados que se hagan realidad. Se supone que son algo excepcional como una estrella fugaz, apagar las velas de cumpleaños, soplar un diente de león… - opiné pensativo.
Negó con su cabeza enérgicamente antes de rebatir mi punto de vista.
El deseo lo pedí porque quería que se cumpliera, no porque necesariamente fuera difícil que pasara. Nadie ha puesto un límite a lo que yo desee y si quieres algo ¿Por qué no pedir un deseo?.
Entonces estoy contento porque se haya realizado.
Le di un beso en la frente expectante de si algo en especial la había hecho pensar aquello.
- Leí un relato de dos personas se despiden sin saber que no volverán a verse. Es cierto. La mayoría de las últimas veces no sabemos que serán las últimas.- explicó algo melancólica.
Le revolví el pelo jugando hasta que se quejó un poco y volví a colocárselo más o menos como antes prometiendo que la cepillaría con cuidado.
Me abrazó acurrucándose tiernamente y me contó lo que hizo y lo que quería hacer cada vez que nos despidiéramos.
Eché la mirada atrás viéndote marchar de espaldas. Estuve conscientemente ese pequeño momento con detalle, esa pequeña imagen en mi cabeza como la última vez que te vi esa semana. Después deseé que pudiéramos tener muchos más últimos y primeros momentos. Si resulta que algo cambia, siempre me quedarán esos instantes guardados en mi memoria. - se ruborizó un poquito debido a que la observaba atento mientras comprendía fascinado.
Ella parece que sintió la necesidad de poner una excusa a ese procedimiento tan enrevesadamente hermoso.
Dijo que es que le gusta mucho estar conmigo y sin reprimir ese impulso recorrí la escasa distancia entre su boca y la mía.
Esa emoción al dejarme entrar entreabriendo sus labios. Mis dedos en su cabello, los suyos en mi nuca, nuestros cuerpos juntos y sentimientos en sincronía.
Era por eso ¿No? Por lo que me había enganchado a su forma de ver el mundo, su forma de reflexionar, de procesar las cosas de forma consciente, de sentir mucho y de vivir intensamente.
Por una relación repleta de pequeños grandes regalos, sorpresas inesperadas y valiosas lecciones que perduran grabadas con un fuego dulce en nuestra historia.

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