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Luces invisibles

 


No me cansaré de enfatizar la importancia del valor intrínseco de las cosas. 

Las flores siguen siendo bellas y hermosas aunque estén en el campo donde ningún humano las pueda disfrutar o en un parterre junto a la catedral.

No importa cuántas personas las conozcan, a ellas no les importa y siguen viviendo hasta que el tiempo las marchite.


Pero las nubes sí que las miran.

Pero las estrellas sí que las miran.

Pero las abejas sí que las miran.


No podemos apreciar todas las flores del mundo de forma individual aunque sí intentar hacerlo de manera colectiva.


De esto va la reflexión, de luces invisibles que se encienden, brillan y se apagan sin que apenas nadie se dé cuenta, pero estuvieron ahí siempre y eso es ya algo importante.

Porque no alumbraron a multitudes, fueron olvidadas.

Y está bien de alguna manera. 

En alguna filosofía de vida en la que el valor de las cosas no se mide tanto por el número de personas que las conocen sino porque existieron. 


Y está bien de alguna manera. 


Eso de ser olvidados rápidamente o incluso nunca llegar a ser conocidos. 

Nadie lo sabrá ¿Y qué?

No vivimos para ser vistos. 

No vivimos para tener éxito.

No vivimos para hacer una cosa u otra.

No vivimos para cumplir expectativas.

No tiene por qué.

Vivimos porque se dió y eso ya es un hermoso milagro en sí mismo. 


Porque hay gente que muere antes de nacer.

Porque hay gente que cuando el viento toca su piel, ya se han marchado.

Porque hay gente que es el viento el que los desgasta. 

Porque hay gente que hace mucho que no sienten esa corriente de aire y ya no la volverá a sentir jamás. 

Hay gente que muere a la luz de la Luna, otras a pleno Sol, otras mojadas por la lluvia, otras en una noche sin luna pero con muchas estrellas, otras junto a una bombilla mientras alguien sujeta su mano, otras acompañadas por un ambiente que huele a soledad cerrada.


Las personas seguimos siéndolo independientemente del número de cosas que tenemos, de los que nos aman, de las personas a las que amamos, de lo que hayamos o no hecho o más bien de lo que la vida nos haya permitido, de lo que hubo antes, de lo que dejamos atrás o de lo que habrá después de irnos.


Definitivamente.


No a todos las personas las lloran de igual manera. 

No, pero ¿Y qué?

Es normal temer el olvido, querer dejar huella y presionarse por hacer algo “útil”. 

Es corriente.

Es habitual esa búsqueda de reconocimiento.

Es común perder de vista que no tenemos por qué basar nuestra dignidad en función de lo que vivimos.


Luces invisibles ahora se van apagando. 


Adultos o jóvenes que se sienten culpables porque nadie está a su lado, bebés que notan esa ausencia sin ser plenamente conscientes y que no se les permitirá serlo. 


Gente que vive y está sola por elección propia.

Gente que está sola sin elegirlo. 

Gente que está satisfecha.

Gente que sienten que nunca es suficiente.

Gente que necesita de gente. 

Gente que no tiene lo que necesita.

Gente que sí tiene lo que necesita.

Gente que se apaga en silencio.

Gente que se apaga haciendo ruido.

Gente sin un lugar en el cementerio. 

Gente con su aspecto reflejado en un estatua conmemorativa porque otros quieren recordarlos.

Gente que ha hecho sufrir a otros por su partida.

Gente que ha hecho sufrir a otros porque no se marchan.

Gente que hace sufrir a otros porque no se marcharon antes pero también porque acabaron marchándose.

Gente que no tiene nombre.

Gente con nombre que nadie las nombra.

Gente que olvida su nombre porque nadie los llama.

Gente que olvida su nombre aunque les llamen todos los días.

Gente con su nombre grabado en una placa colgada en la calle.

Gente que parece que el hueco en este planeta se reduce a una esquinita diminuta.

Gente que parece que se come el mundo.

Gente que no le entusiasma vivir y sigue viviendo. 

Gente que desea vivir con todas sus fuerzas pero no tienen que irse. 

Gente que no le entusiasma vivir y mueren sin antes encontrar algo que les llene. 

Gente dominada por la desmotivación que pasa a amar la existencia.

Gente que ama la existencia y luego se desmotivan.

Gente que no cambia.

Gente que sí cambia.

Gente que puede.

Gente que no puede.

Gente y gente y gente…Todos personas, todos humanos, todos dignos, todos vivimos.


No importa tanto si es más o menos triste nuestro paso por este mundo a los ojos subjetivos de los demás. 

Todo es un ciclo.

Me parece que importa más el hecho de que pasamos.


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