Un día, un compañero me presentó muy educadamente a otro amigo suyo.
Por razones que he olvidado, esa persona me dijo que no le gustaba demasiado el juego de “¿Qué prefieres?” en el que hay que elegir una alternativa de lo menos malo en general llevada al extremo o a la absurdez total.
A mí me parecía tremendamente divertido, hasta que le hice varias preguntas de “¿Qué prefieres?” e hizo que me arrepintiera de mi osadía.
Ya me lo advirtió el amigo que tenemos en común quién le conocía mejor que yo. Sin embargo, la curiosidad hizo que el gato muriera.
Digo gato como digo que fueron neuronas las perjudicadas.
Empezamos con una sencilla de…
¿Qué prefieres? Saber de qué morirás o cuándo morirás.
-¿Tiene truco? Me refiero a que supongo que esa información no me será útil a la hora de modificar mi muerte o las circunstancias.
-Pues… no sé - respondí con desconcierto.
-Él se quedó callado un poco más y respondió.
-Creo que la respuesta a mi propia pregunta es que no puedes modificarlo, porque si no, no sería cierto eso de saber de qué moriré o cuando. Sería mentira eso de saberlo si se puede cambiar. Dicho esto creo que elegiría cuando moriré porque sabré el tiempo que me queda… además de que si sé cuándo moriré trataré de que sea tranquilo en mi casa o en un lugar bonito. No me arriesgaría a estar en un país en guerra con probabilidades altas de morir destripado... - comentó mientras se estremecía imaginándolo.
Me quedé bastante estupefacto pero en fin, tenía sentido, supongo… La imagen de un campo de batalla de la Edad Antigua con lanzas o cuchillos oxidados era incómoda sinceramente.
Bueno…
¿Preferirías comer heces que saben a pastel o pastel que sabe a heces?
-Pues depende… si son heces sin parásitos ni que me hagan enfermar, prefiero comer heces que sepan a pastel. Si no, pues la segunda… de todas formas no sé cómo saben las heces, es algo difícil porque seguro que no todas saben igual, ni siquiera la de los mismos individuos de una especie con dietas parecidas, ya sin contar con animales...
-¿Eso no da igual?
-Pues claro que no - casi pude leer la indignación en su cara… - no creo que haya un estudio estadístico sobre el sabor de las heces. Además de que los gustos son variados entre personas, aunque me da la sensación de que independientemente de las heces, ninguna sabes bien.
Bueno… Miré al amigo que me había advertido de no jugar, diciendo simplemente "asqueroso”.
Siguiente pregunta…
¿Qué prefieres? Tirarte gases ruidoso sin mal olor o silenciosos con olor terrible.
-¿De cuántos decibelios hablamos?
Me reí por la pregunta y él también pareció hacerle gracia. No obstante, cuando me miró callado me di cuenta de que lo decía en serio.
-Pues no sé… pues ruidoso. Que se dé cuenta la gente que está a tu alrededor.
-Vale. En el caso de que no sea como si hubiera caído un rayo ni de una duración demasiado prolongada, prefiero que se oiga. De todas formas se lo preguntaría a las personas que más veo o convivo, también puedo hacer una encuesta por redes sociales. Me parece que el sonido es menos molesto que el olor… sobretodo en sitios cerrados. Si aviso a la gente, seguro que no se lo toman demasiado mal. Creo que es la forma de molestar menos.
Me encogí de hombros y luego pasé a la siguiente.
¿Qué prefieres? Tener pesadillas todas las noches o ver fantasmas.
-¿Los fantasmas me dan miedo? ¿Sé que son fantasmas o los confundo con gente normal? ¿Las pesadillas son demasiado malas? ¿No me dejan descansar?
-Pues no sé… Si las pesadillas son aterradoras y los fantasmas son graciosos o al menos no me dan miedo, los diferencio de la gente real, supongo que ver fantasmas. Si las pesadillas son solo algo molestas, como llegar tarde que esas suelo tenerlas, pero me dejan descansar y resulta que los fantasmas dan miedo pues elijo las pesadillas. ¿Qué es lo que menos me perturba a la hora de poder vivir más en paz?
-Eso no viene en la pregunta - respondí rascándome un poco la cabeza.
Pasamos a otra pregunta porque iba a ser una hecatombe.
¿Qué prefieres? Morir congelado o quemado.
-Eh... ¿Qué tipo de pregunta es esa? No sé la respuesta porque no puedo comparar experiencias y no quiero compararlas. No me apetece responder a esa cuestión. - respondió algo molesto.
-Vale, vale. Perdón.
La siguiente…
¿Qué preferirías? Vivir un año a 40°C o un año a -10°C.
-Pues depende de mis recursos… ¿Tengo aire acondicionado o calefacción que no se estropee?
-Supongo
-¿Y los demás tienen?
-¿Eso qué más da? - quise saber extrañado.
-Pues mucho. No me quiero quedar yo solo… si mis allegados y familia también pueden vivir bien y no tener que mudarse o sufrir pues es relevante. De todas formas se lo preguntaría también por si acaso porque el sufrimiento compartido es menos sufrido.
En fin… sus respuestas eran demasiado poco impulsivas.
Seguí haciéndole, no sé por qué.
¿Qué prefieres? Oler mal para los demás sin que te des cuenta o oler mal para ti pero no para los demás…
-A ver… ¿Cómo de insoportable es el olor? Creo que volvemos a lo mismo de siempre. Si los demás pueden decírmelo con tacto y yo puedo remediarlo, pues todos contentos. Si no huelo mal y yo puedo ponerme algo en la nariz, como perfume pues es otra opción…
Sí que le hice alguna pregunta más.
¿Qué prefieres? Ser pobre con el amor de tu vida o ser multimillonario sin él.
-¿Qué nivel de pobreza hablamos? Si es el de morirse de hambre, estar enfermo todo el día y mendigar pues mal lo veo… de todas formas no hay amor de nuestra vida. La gente ama y fin.
-Bueno, pues amor romántico.
-Creo que nadie querría morirse de hambre por amor. Además muchas personas viven sin pareja y con amigos e hijos… teniendo familia. Si puedo tener amigos y familia aunque no sean relaciones románticas como tal y la opción de ser pobres se traduce en pasarlas canutas el resto de mi vida con enfermedades y eso, pues prefiero la de ser multimillonario. Si es vivir sin excesos pues no sé, tendré que preguntarle a la persona de la que me enamore y se enamore de mí porque podremos ser felices con alguien más.
Siguiente pregunta.
¿Qué prefieres? Ir constantemente desnudo o que todo el mundo te lea el pensamiento.
-Si estoy desnudo entonces no puedo salir a la calle sin que me dé una pulmonía.
-Bueno, imagina que no hay riesgo de enfermar, es solo por pudor…
-Hum, curioso. Pues creo que ir desnudo aunque lo que pienso tampoco es que sea nada interesante, pero me parece que hay más que descubrir en mi mente, como ideas o cosas más personales que no me gustaría que todos supieran. Elijo ir desnudo si bien puedo decir que no tengo alternativa para que no me tachen de loco o de exhibicionismo ni me pongan multas.
Otra...
La típica de… ¿Ser infiel o que te sean infiel?
-A primera vista creo que podría elegir que me sean infiel. Es porque no querría hacer daño a mi pareja y creo que le dolería menos si me es infiel a mí que serlo yo. De todas formas, creo que lo hablaría con dicha persona.
-¿Cómo que lo hablarías con la otra persona? - pregunté con sorpresa.
-Claro, así sé lo que la otra persona preferiría. Llegaríamos a un acuerdo, e incluso, podríamos seguir con la relación más tarde si las cosas se dan bien. Todo es hablarlo… - dijo sonriendo por haber hallado una respuesta que parecía gustarle.
-Pero ¿cómo que lo consultarías? - seguí cuestionado boquiabierto.
El otro hombre, se llevó la mano a la frente como si hubiera metido la pata hasta el fondo.
-Si la condición es que alguien debe de ser infiel, análogo al derecho de pernada pero pudiendo elegir quién hace qué y con quién, pues me parece que la alternativa más saludable es decidir lo que menos dañaría la relación.
Me quedé un poco bloqueado mientras veía su nuevo intrincado razonamiento. Cada vez subía de nivel, me daba la sensación.
-Tras unos momentos de silencio, continuó con su discurso.
-Aunque también depende de lo que en mi relación entendamos qué es una infidelidad. Si es algo obligatorio que alguien de los dos debe de irse con otro, no considero que sea infidelidad en ningún caso porque es bajo coacción.
Mi amigo me susurró que acababa de darle a enter en un programa con un bucle infinito.
El botón de escape era aclarar la situación dado que todo se estaba saliendo de madre.
-Me parece que no puedes comentarlo con la otra persona y no es por obligación, es por gusto. No hay coacción.
-Vaya … supongo que, si tampoco puedo hacérselo saber de forma indirecta, le preguntaría a alguien que la conoce qué cree que preferiría esa persona. De todas formas, si es por placer, implica controlar la voluntad y deseos de mi pareja o la mía aunque solo sea una vez y de manera limitada, que desee a otra persona, o sí. Extraño cuanto menos. Es que para mí estar obligado a ser tentado o a tentar no me parece infidelidad porque todos podemos ser tentados, el punto es no buscarlo…
Habría mirado a nuestro colega pidiendo auxilio si él no me hubiera señalado muy sabiamente cuáles eran las palabras clave.
-En realidad, la pregunta iba más por “Qué crees dolería menos”, ser infiel o que te sean infiel, más que qué preferirías. - corregí sin saber bien cuál era la diferencia entre ambas preguntas.
El hombre parece que de repente cambió su expresión.
-Entonces lo que nos duela menos a los dos. Como realmente no sé cuál de las dos opciones es…
Mi compañero me miró como “se te ha olvidado el resto del conjuro”, con lo que interrumpí el pobre ser analítico diciendo
-No, es si la otra persona no sufre nada, pero tú sí.
-Entonces pues prefiero que me sean infiel. No me gustaría vivir con la culpa.
Muy abrupto que pasara de un bucle existencial a una simple “vale, pues esto”. Esa era la respuesta más decidida que podía esperar de este individuo.
Efectivamente, era una frase mágica.
Ya le hice la última porque realmente era muy muy muy cansado para los dos.
-¿Qué prefieres? Estar en coma 10 años o en la cárcel 5.
-No me gusta eso de estar en coma 10 años. No solo te roban 10 años de vida sino que la gente avanza sin ti como es natural, y tú te quedas estancado. Cuando despierte no conoceré a mis seres queridos porque habrán cambiado.
-Sí, es una opción dura - reconocí. En mi cabeza yo había elegido la otra alternativa.
-Estar en la cárcel yo lo entiendo como estar en un lugar con libertad restringida con personas un poco arbitrarias pero que no quieren hacerme daño. ¿Es correcto? Si es así, prefiero la cárcel.
-Pues no sé… si estás en la cárcel supongo que habrás cometido un delito.
La expresión del amigo fue como un quejido resignado de “ya no hay vuelta atrás, el error garrafal, ha sido realizado”.
-Entonces si he cometido un crimen ¿Qué tipo de crimen es? ¿Uno en el que pueda vivir sin morir de culpa? ¿Por el que la sociedad no me señale? ¿Por el que mi vida después no sea mala?
-Solo digo que son 5 años en la cárcel.
Y otra mirada gritándome “es que no aprendes” del único que entendía ambas partes.
-Es que no es lo mismo. Además las condiciones de la cárcel pesan mucho y los años que tenga cuando pase eso del coma o la cárcel. Si son con 110 años, si llego, pues entonces prefiero el coma. ¿Me han reducido años de condena?
-No te pueden reducir ni te han reducido.
-Entonces eso significa que me he portado mal ¿No? Y eso implica quitar beneficios y comodidades, ausencia de visitas… eso no me gusta nada.
-Bueno, entonces pues si que te condenaron a 10 años pero te has portado bien y se quedaron en 5.
-Me parece que eso es casi peor. Si me condenaron a 10 creo que significa que el asesinato está entre los posibles delitos. Ay no sé de leyes… - se lamentó llevándose las manos a la cabeza- ¿Lo busco por internet?
-No es necesario, no importa - contesté intentando tranquilizarle.
-Es que no quiero matar a nadie ni realmente ni hipotéticamente si puedo evitarlo…
-No vas a matar a nadie ni lo has hecho.
-Oye, no sé el futuro, es incierto. A lo mejor me vuelvo asesino. Nadie es asesino hasta que asesina…
Tuvimos que parar el juego porque no era divertido. El pobre hombre se estaba angustiando y me estaba estresando a mí haciéndome sentir mal.
Nuestro camarada lo arregló con un simple explicación.
-La pregunta era en realidad lo que tú interpretaste al principio. Que estás en un lugar sin poder salir pero con comodidades suficientes para vivir bien. Sin personas que quieran hacerte daño. - me miró para que le apoyara a arreglar el desastre. El hechizo necesitaba fuerza para que funcionara.
-Claro. Era eso, es que no me había sabido explicar- afirmé fingiendo convencimiento propio, más que fe.
No sabía ni cómo ni por qué habíamos llegado a la situación, solo que nuestro allegado era el único héroe que podría traer la paz.
-Entonces, elijo la cárcel. Puedo tener visitas ¿No?
-Claro que puedes. - respondió su amigo al que ya había delegado toda la situación.
-¿Y sería ahora cuando tendría que ir a la cárcel? Con 110 años creo que elegiría la otra opción.
-Sí, es ahora.
-Definitivamente, es la mejor opción, al menos seguiré conectado de alguna manera con el mundo exterior y podré vivir mi vida. Algo que estando en coma, no puedes hacer… sin embargo ¿Por qué esa pregunta es “polémica”? Entonces no es complicada. No lo entiendo, pensaba que este juego era de preguntas difíciles…
-Siempre ha respuestas más sencillas que otras y gente que valora muchísimo su libertad - sentenció nuestro salvador teniendo la última palabra.
Al final del día, casi había sido más un dolor de cabeza analizando opciones que realmente divertido.
Lo único que saqué en claro es que valora la comodidad del resto, por ello, se interesaría por la comodidad del resto.
Su prioridad es elegir lo menos malo para uno mismo y para los demás.
También que el tema de relaciones sociales se lo toma muy en serio y al igual que definir con precisión conceptos como la infidelidad.
Trató de buscar situaciones hipotéticas o deslices en el lenguaje para salir lo más airoso posible, aunque cuando le ponías restricciones empeorando la situación de las opciones, llegaba el pobre a una especie de “medio colapso mental y existencial”.
Más tarde que nos despedimos de él en su versión calmada, quise saber cómo demonios su amigo había sabido exactamente qué decir para cortar su crisis.
-El “problema” es que para él no es tanto un pasatiempo sino un acertijo o peor, un puzzle sin piezas que no se puede montar. Es que tus opciones siempre son muy ambiguas
-Esa es la gracia ¿No? - sonreí excusándome
-No. Porque él quiere montarlo, resolverlo correcta y meticulosamente… no dejar las cosas al azar puesto que no hay alternativas distinguidas si no se definen circunstancias.
Es un poco “ordenador” ¿No?
En realidad solo es una persona demasiado preocupada por analizar y hacer las cosas bien incluso en un juego absurdo. Para romper ese caos interno, has de “poner restricciones”, “poner ligaduras”.
-Estás usando terminología demasiado compleja. - me quejé.
-Perdón. Es poner un camino a una bola que rueda para que no se agobie por no saber a dónde ir. Especificar la situación, dar más datos, definir el problema perfectamente para que sea solo su moral la que decida. Aunque ya ves que sus valores más o menos lo tiene claros y por ello comento que, con mi información adicional, la pregunta era demasiado “fácil”.
Lo entendí. Para lo que nosotros era decir bobadas respondiendo, para él era empujarle al vacío a ver si volaba. Porque tonterías no quería o no parecía estar dispuesto a contar si la pregunta había sido hecha de manera formal y le había hecho cuestionarse a sí mismo y sus preferencias personales.
-Menos mal que estaba yo aquí para solucionarlo. - comentó suspirando- y eso que no quería meterse en ese juego. Ya se conoce a sí mismo lo suficiente como para entender que no le conviene demasiado.
-Perdón… Tampoco habría sido tan malo ¿No? ¿Qué crees que hubiera sucedido si no llegas a estar aquí? - quise saber intentando justificar que no había sido “tan grave”.
-No demasiado horrible. A lo mejor comenzaría a llamar a todos sus contactos de confianza a ver si le dan solución satisfactorias alterando la paz mental de todos… o puede que simplemente se pusiera a llorar. - respondió frío.
-Vaya, suena muy complicado para él. - añadí sorprendido e inquieto al mismo tiempo.
-Está acostumbrado. No te preocupes, después siempre se le pasa, con una lágrima más una menos, unas pequeñas molestias a sus familiares… y dormir o comer algo rico. Eso siempre es mano de santo.
Conclusión, no debería de haber abierto la caja de Pandora… tampoco la volvería a abrir solo por diversión, no obstante, ya sé a quién llamar con una mente que desmenuza situaciones de manera natural.
Por lo menos, mi amigo también me trajo calma a mí quitándome preocupaciones de la espalda de la forma que lo necesitaba.
Él era sí que era la mano más santa para este desaguisado, era el puente de unión entre las complejidades de lo que solemos denotar como mente humana.

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