¿Tú piensas cuando das o recibes una muestra de afecto de qué tipo es? ¿Son de las que se devuelven o de las que se guardan?
Estaba destacado en cursiva. Letras inclinadas a punto de caerse unas sobre otras mientras articulaban una frase de un libro.
La frase del libro que quería acabar rápido y que no sabía que algo de él se quedaría siempre conmigo .
Desde aquel día no volví a devolver un beso al alma, ni una caricia sincera, ni un te quiero desde el corazón, ni un te extraño con lágrimas en los ojos, ni una sonrisa inconsciente, ni una mirada sostenida, ni el calor en las mejillas en forma de sonrojo, ni un nombre en mis labios susurrantes extinguido por el miedo.
Porque fui consciente de que si realmente todo regresara al otro, acabaríamos vacíos y no lo estamos. Yo no lo estoy.
Porque es imposible devolver un achuchón que te impide respirar por un segundo, una sonrisa recibida cuando por dentro andas llorando, una mirada que te vuelve otra vez visible cuando te cuestionabas si aún existías, un susurro que apenas oíste pero aún resuena o un grito de ilusión fugaz.
No se puede devolver porque te lo dieron para siempre y tú al sentir la emoción, lo aceptaste.
Te lo quedaste, te lo guardaste en una cajita grabada con la luz reflejada en la retina tras chocar con su rostro.
Después de ese pequeño tesoro, tú no regalas de nuevo esas mismas palabras, ni de nuevo ese roce.
En absoluto. Es uno completamente diferente.
La otra persona ahora tendrá también algo francamente tuyo que proteger en su respectivo cofre que lleva tu olor.
Dado que no es automático, pues no siempre abrazas y te abrazan,no siempre miras y te miran, no siempre dices “te quiero” y la otra persona responde “te quiero”, no siempre acaricias y te acarician…
No. Dar no implica recibir directamente.
Un regalo tan simple y tan poderoso despierta sentimientos, emociones, pensamientos, acciones.
Para mí, es muy valioso el querer, consciente o inconscientemente, ofrecer otro gesto, otra muestra de cariño.
Es única y singular.
De esos tesoros guardados en baúles yo vivo, de los que puedes abrir cuando estás solo y te hacen de nuevo sentir esa emoción, de los que te alimentan en los días grises, de los que dan motivo a seguir luchando, de los que te dan un propósito de dar y recibir más como esos de las personas que amas.
Devolver…
Devolver llamo yo a los gestos de cortesía como abrazos en los que las cabezas se juntan y los cuerpos se mantienen separados. Apenas te rozas y parece incómodo. Correspondo por educación, aunque para mí, eso no es un regalo memorable, es cordialidad.
Devolver llamo yo a esos saludos con besos.
Las mejillas se juntan pero se besa el aire. Los labios no tocan la piel. El sonido llega a tus oídos, pero no reverbera más que un instante.
Devolver llamo yo a un apretón de manos.
De los que solo te quedas con que su piel estaba sorprendentemente más fría que la tuya o era un tanto áspera.
Devolver llamo yo a una sonrisa automatizada de educación al hablar y que no reflexionas ni un segundo después.
Todos esas expresiones que crean una atmósfera de amabilidad, de confort, de comodidad. Son importantes, claro que sí, aunque no son de esos que te hacen sentir especial ni diferente.
Esos gestos los devuelves porque no te los quedas, no los recuerdas, los olvidas, los normalizas, los asumes como convivencia, los percibes como comunes y no como amor. Amor del que te marca sin querer y queriendo volviendo en forma de calorcito al corazón.
(La frase de la que me inspiré se encuentra en el libro de "Cadencia de estornino" de Luis Mario. No es un libro romántico aunque amor sí que hay y muchas reflexiones)

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