La Luna, el Sol, el cielo, son de todos, son para todos, son observados por todos. Tan lejos se encuentran que los podemos mirar sin movernos del sitio, solamente esperando alzando la vista.
Un recuerdo de que no estamos tan lejos ¿verdad?
Somos dos personas separadas por la distancia aunque se piensan de forma etérea pero fuerte.
Estar cerca es algo que consuela, sin embargo, ¿qué importa lo cerca que podamos estar? ¿Qué más da que haya aviones, trenes, barcos, coches o piernas para poder encontrarnos en horas si no sabemos dónde estamos? si no sabemos cómo somos, si no sabemos apenas nada el uno del otro. Tan solo que existimos hace mucho tiempo sin certezas del presente.
La gente sin saber la historia se preguntará los motivos por los cuales pensar en una persona que ni sabemos si vive, con la que apenas nos permitimos tocar en un ligero beso en la mejilla por hacer un adiós decidido y menos doloroso quiero creer.
He aceptado o al menos aprendido a vivir con la idea de no volverte a ver nunca más.
Sé que podría haberte dado algo para que pudiéramos encontrarnos y no creas que no lo pienso cada día.
Una nota que abriera una senda fácil entre nosotros, solo nombrar un lugar, una fecha y un ‘aquí cada 10 años’ por si querías conocernos.
¿Por qué no lo hice? También me lo cuestiono, no hay alternativa sencilla.
Supongo que porque quise que fueras un capítulo definido, decirte hasta siempre y que hasta siempre fuera, cerrar una puerta, cerrar una herida cerrar una posibilidad que en mi mente a veces se recrea una y otra vez.
Sin embargo…
Esa herida de si ya no vuelves, si no nos buscas…¿significa que no nos pensaste? ¿significa que nos odias? o peor… ¿Significa que falleciste por responsabilidad nuestra?.
A veces es más sencillo vivir con preguntas genéricas y esperanza que con la duda de por qué no regresaste, cuya lista de posibles respuestas, es casi más dolorosa que la anterior.
Ahora, que no te señalé la ruta, es más sencillo aferrarse a que lo más probable es que no pudieras hallarnos fácilmente.
A tus ojos, podría ser falta de cariño, que estorbabas, que no te queríamos y puede que nunca puedas ponerte en nuestro lugar. Esa es la herida de no sufrir tanto nosotros… cargarte con la pesada mochila de las preguntas al silencio.
No hay palabras para describir lo que siento ni la situación en la que estábamos que nos empujó a dejarte, las personas que más deberíamos protegerte en este mundo a veces despiadado pero otras veces esperanzador siendo otras víctimas de las circunstancias.
El pasado ya no se puede cambiar y ni el Sol ni la Luna hablan, pero se dejan ver por todos y para nosotros brillan de una forma especial cuando te recordamos.
Ojalá que puedas cobijarte en el hecho de que no pudiste elegir y las cosas vinieron dadas, a nosotros de alguna forma también pero cargamos con el peso de nuestras decisiones.
Ojalá que puedas resguardarte en la gente que te quiere y egoísta aunque humano es nuestro deseo de que nos guardes un diminuto sitio en tu corazón a pesar de que sea con algo de dolor.
Ahora tengo 73 años y tu padre 75, solo escribo una carta al aire para decirte que murió hoy pero pensando en ti con deseo, contradicción, dolor, tristeza, anhelo y amor desde que le dije que estaba encinta…
Unos 51 años tendrás y espero que seas feliz, más feliz de lo que podrías haber estado aquí con nosotros.
A pesar de los pesares y las desgracias, ni tu padre ni yo nos arrepentimos de nada, pues cuando nos entristecimos por lo duro y feo que el mundo puede llegar a ser, nos acordamos de ti y vemos también lo bello porque eres nuestro mayor regalo.
Dentro de unos días es tu cumpleaños ¿y sabes una cosa? cada vez que llega, le doy un beso a una flor silvestre pensando en la suavidad de tu piel, te digo que te amo y susurro el nombre que te puse en secreto.
Tú jamás sabrás que también te llamas así y yo jamás sabré por qué nombre te llaman ni quién serás para los demás.
Unos padres nunca olvidan a sus hijos sin olvidarse a sí mismos, porque en la quietud, cerrando los ojos, aún veo tu imagen grabada en mi retina, aún se oye tu primer llanto y los nuestros al partir.

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