NOVENO MANIFIESTO
Tesoro internacional: No sé (la mentira más socialmente aceptada del mundo).
Regresé otro día a casa de Cochino porque había quedado para tener otra de nuestras tertulias.
Sinceramente no había tenido un buen día. A veces no es por una mala noticia ni eventos desafortunados, simplemente hay días en los que uno está más cansado o de peores ánimos. En este caso, sí que había sido por un asunto personal que no viene al caso explicar. Nada catastrófico ni irreparable, pero totalmente molesto.
El hombre me abrió la puerta de su casa con una sonrisa mientras yo trataba de forzar una y disimular.
Nos sentamos en el salón y volví a confirmar mis malos dotes actorales cuando me preguntó el poeta por mi mala cara.
-No sé -respondí automáticamente.
-Ay, qué buen tema de conversación acabamos de sacar ahora mismo… totalmente jugoso. Hablemos sobre la mentira.
Me puse rojo de vergüenza porque me dio la sensación de qué me estaba llamando mentiroso.
-Perdón - es lo único que dije.
-Pero hijo, no te disculpes por protegerte. No quiero que me cuentes lo que te pesa si no es lo que deseas. Básicamente porque no es problema mío sino tuyo, a menos que me afecte a mí directamente… ¿Me afecta?
-No, no, es cosa mía…
-Perfecto entonces. Siempre he pensado que la mentira está muchas veces infravalorada o demonizada. Básicamente porque hay una acepción oficial para la palabra “mentira” y otra cultural.
Vi cómo cogía su tablet y buscaba habilidosamente en el diccionario oficial de nuestra lengua antes de seguir hablando.
~ Mentira: Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente. Cosa que no es verdad.
Mentira oficiosa: mentira que se dice para obtener un provecho o ventaja sin producir daño a otro.
Mentira piadosa: mentira que se dice para evitar a otro un disgusto o una pena.
Mentirijilla: mentira. ~
-Desde pequeños siempre nos han enseñado a no mentir, que mentir está siempre muy mal, simplemente porque cuando somos niños, no comprendemos aún los matices y la complejidad de las situaciones, podemos coger costumbre y dañar la confianza cuando crezcamos. También es que el mejor truco para que un niño no mienta es no mentirle a él.
En la infancia la gran mayoría de las mentiras no tienen consecuencias graves porque no tenemos grandes responsabilidades. Lo que ocurre, es que a niños que mienten demasiado, la fama les precede y generan desconfianza.
A medida que crecemos y maduramos, sabemos diferenciar mentiras con repercusiones más o menos fuertes.
Una mentira oficiosa que yo solía decir, era que ya había hecho la cama cuando mamá me preguntaba, después iba a hacerla corriendo y todos en paz. Las mentiras piadosas se dicen mucho al hacer más bien que mal. Las verdades innecesariamente crueles suelen callarse porque hacen más mal que bien.
Lo que pasa es que para seguir al pie de la letra las enseñanzas de nuestros padres, sin entrar al detalle de diferenciar mentiras, les damos dos nombres por así decirlo… las mentiras, que no se deben de decir nunca porque hacen daño a los demás y a uno mismo y luego las mentirijillas como cosas que se dicen que no pasa nada por decirlas aunque no sean estrictamente verdad.
Según el diccionario, las mentirijillas son mentiras solo que dicho de forma coloquial, que podría ser como “amigable”.
Socialmente puede entenderse como mentiras amigas.
Por ejemplo, para proteger un secreto lo principal que se hace es la omisión de información, si nadie pregunta, no estás obligado a mentir… si luego te preguntan, es un aprieto, pues si tienes que elaborarla tendrás que ponerte de acuerdo con los implicados o una mentira difícil de contrastar.
El pequeño gran problema de las mentiras, es que tienes que construir una realidad paralela mental alrededor de ellas.
Luego está el componente de que el cerebro bajo presión se equivoca más y no solo para contar mentiras, sino para contar verdades que comienzas a liar con pensamientos que no son reales o interpretaciones propias aunque no hayas sido consciente. Incluso gente naturalmente más insegura o tal vez más conectada a su mundo interno, que no es culpable de un hecho, comienzan a dudar de sí mismos. Se han imaginado vívidamente que lo son y es cuando lo mental se entrelaza con lo físico volviéndose borroso aunque en la realidad no haya equívoco.
Hacer dudar a alguien es extremadamente sencillo, tan solo tienes que insistir desde diferentes ángulos, comentar teorías plausibles para confundir siendo éticamente cuestionables.
Las verdades pueden hacer tanto daño como las mentiras cuando son crueles, innecesarias o peligrosas.
En realidad, ni siquiera la omisión de información que se podría interpretar como “no entrar en el debate” o “escabullirse”, no está libre de juicios.
La omisión de información también puede ser muy perjudicial, como no decir que sabes que va a haber un atentado, te hace cómplice directo.
La idea simplificada de clasificar acciones como buenas, malas, neutras se cae a pedazos y no se sostiene a sí misma en una realidad tan compleja.
Realmente nos molesta mucho aún siendo adultos, tanto que en una situación muchos tratamos de etiquetar como bueno, malo, neutro a personas o hechos. Las etiquetas ayudan a simplificar, sin embargo, hay cosas que no pueden ser tan simplificadas sin perder matices importantes o limitan, pero el cerebro pide tregua y que no le hagan trabajar tanto.
Es normal y hasta saludable, que en cosas en las que no tengamos implicación directa ni elección o control posible, simplifiquemos, hagamos juicios rápidos para nosotros mismos y nos enfoquemos en otra cosa.
La cuestión es que cuando no somos realmente conscientes de que en un asunto u opinión nuestra no ha sido demasiado meditada o la hemos simplificado, podemos decirlo con un tono excesivamente serio o firme a terceras personas que a lo mejor están más implicadas emocionalmente y les causamos incomodidad.
La clave es que si somos conscientes de que a lo mejor los demás no son conscientes de lo excesivamente simplista que es un discurso, tenemos criterio propio y nos interesa investigar o tener más información adicional, podremos formar una opinión más nuestra.
Las personas decimos cosas hirientes queriendo o sin querer, las personas juzgamos las personas clasificamos, las personas por comodidad aceptamos opiniones ajenas que no suenan del todo mal porque realmente no nos interesa investigar y eso ocurre sin ser necesariamente positivo ni negativo, simplemente, es.
Si somos más conscientes y no nos tomamos ni las verdades ni las mentiras excesivamente en serio, podremos avanzar de forma más flexible y adaptable por un mundo que cambia constantemente.
Con respecto a ese “no sé” me parece totalmente perfecto que lo usemos cuando no nos apetezca dar explicaciones personales o cuando nos protegen de situaciones incómodas por ejemplo.
De todas formas es muy curioso que, en otras ocasiones como preguntas acerca de un suceso, decir “no sé” sea la mentira que más aceptada por los demás y nosotros mismos está.
En investigaciones criminales “no sé” puede ser hasta más contraproducente que otra mentira a la hora de resolver el delito. Es un poco enrevesado, pero si dices una mentira como “la persona secuestrada está en X lugar”, miran y no está, a lo mejor hasta ou den inducir los investigadores como por psicología inversa según datos específicos donde mientes, donde dices la verdad y es información al fin y al cabo. Decir “no sé” es no dar ningún dato mientras te proteges a ti mismo con el supuesto desconocimiento.
Parece que las mentiras son menos graves cuando no pueden ser demostradas. Incluso si es un secreto que antes te dijeron, ¿Quién puede saber si tuviste un lapsus mental o si estabas mintiendo de verdad cuando realmente lo recordabas? No se sabe al 100% e incluso si te pillan o ya sospechan fuertemente de tus olvidos convenientes, si eres un mentiroso del “no sé” puede hasta inducir a compasión como “bueno, eso lo decimos todos. No lo hizo con mala intención, quiso protegerse…” que en realidad es muy válida. No es lo mismo, en cuestión de intenciones, dar una pista falsa y tratar de engañar más gravemente, que no dar nada.
Eso depende de cada caso como bien decimos aunque también es justo señalar que las intenciones no son siempre suficientes.
Les dejaré mejor ese trabajo a unos juristas que estudian mejor las leyes, las implicaciones sociales y éticas aunque a veces me pongo a temblar con la frase “debe de estar mal, porque es ilegal…” cuando la ley la han hecho los propios humanos, puede que más entendidos, pero igualmente humanos.

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