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Atormentar a los vivos




No hace falta saber que te falta poco tiempo de vida para que te preocupes por la muerte… No es drama, es ser conscientes de la fugacidad de la existencia, los cambios, los comienzos y los finales inesperados. 


Eso me lo dijo una persona que conocía bien y de la que me distancié hace algún tiempo.

Antes de cumplir los 25 (pero no mucho antes), había hecho un testamento que podía modificar cada vez que se acordaba o le apetecía modificarlo. 

No era extremadamente largo, pero sí algo ‘peculiar’ y me permito escribir ahora la última versión que tengo. A lo mejor la ha modificado, sin embargo, eso es lo de menos…

Taparé datos personales, por supuesto.


“Hola, me llamo X y oficialmente nací el día Y en Z. Eso es lo que todos decimos, aunque no importa mucho si fue un día antes, un día después o 8 km más al norte. 

Solo son detalles de la historia de un humano entre muchos, en este caso, yo.


Respecto a mi testamento… Dado que no poseo apenas propiedades, que se quede con mi ropa, mi comida y mis pertenencias quién quiera de mi familia o amigos. Si algo se puede donar mío, adelante, incluyendo si pueden aprovechar partes de mi cuerpo para ayudar a otros. Al final, si yo ya no voy a necesitarlo, que sirva para otros. 


En relación con mi vida… Pues ¿qué decir? más que estuvo bien vivirla. 

Momentos más agradables, momentos menos agradables, momentos neutrales… Mi vida ha sido muy normal y hasta cierto punto, un tanto aburrida, pero la prefiero tranquila a estresante, aburrida a agobiada. 

No hace falta que la vida sea una película, un libro, un espectáculo para poder vivirla agradecidamente. Lo primero es que es para ti… no necesariamente un escaparate aunque también es verdad que muchos escaparates no tanto lo que hay sino cómo se presenta. 


Cuando estamos vivos, podemos elegir, hablar y claro que podría decir el diseño exacto de mi féretro, quién lee primero en mi funeral, las flores puestas en el coche fúnebre, el instrumento musical que querría que tocaran en mi cumpleaños o cualquier detalle.


Las últimas voluntades las llaman… pero no estoy aquí para ser quisquillosa, sino para decir cosas que ahora digo y algún día dejaré de poder decir. 

Serán olvidadas, sin embargo, podrán ser recordadas un pelín más de tiempo así ¿no? ¿quién sabe?


Claro que si ahora muriera me hubiera gustado hacer determinadas cosas, como trabajar en X oficio y lugar, probar tal comida, ver una película que aún no han sacado o publicar un libro o algunas de mis reflexiones o experiencias por sí a alguien le sirven. Me alegraría si puedo ayudar, si no fuera porque dudo que los muertos puedan alegrarse. Ayudar lo hago tanto por mí como por los demás. Me apetece y fin. 


Dejo algunos escritos por ahí desperdigados que poco a poco fui recopilando por si a alguien le apetece leerlos y hacer algo con ellos, difundirlos, continuarlos, inspirarse, destruirlos…


Cuando mueres ya no puedes ayudar activamente pero sí pasivamente. 

Papeles que solo son ideas que a lo mejor podrían evolucionar. 

No son ideas nuevas, pero cada vez que escribimos algo, se hace de forma única, con una luz y experiencia irrepetible. 


Mis últimas voluntades no deseo que sean para atormentar a los vivos. Si no estoy a favor del atormento evitable que uno produzca en vida, tampoco después de ella. 

Los vivos viven su vida hasta que pueden, los muertos, muertos están. 

Mejor dejar o contribuir con que los que aún pueden estar en este mundo, vivan en paz más que pasarles maldiciones u obligaciones que trasciendan a nuestra propia existencia.

Demasiados sinsabores hay ahora mismo, para que vengan más de otro mundo.


Con lo que si muero estando peleado con alguien, si mi fallecimiento hace sentir culpable, con remordimientos, con pena, con sentimientos desagradables y persistentes… Sea quién seas, calma. 


Calma. Los sentimientos y pensamientos más complicados y desagradables no se pueden controlar, se pueden dejar fluir.  

Perdónate. Quiero que te perdones aunque a lo mejor yo no te pueda haber perdonado. 

No te arrepientas de algo que tal vez quisiste que fuera diferente, los buenos momentos pasados no pierden valor, no se pueden borrar, se pueden respetar. 

Ámate bien, porque a amar se aprende y no hay que hacerlo perfecto siempre, hay que hacerlo consciente.

Y vive, sin tener por qué olvidar el pasado pero disfrutando el presente porque todos algún día partiremos. Es inevitable y aterrador, pero le da un sabor diferente a la realidad. 

Lo dice alguien que siempre le ha costado mucho vivir en el presente. No se quita el bloqueo de un día para otro aunque ser conscientes es el primer paso.


En cambio, si hay alguien que le alegre o le traiga paz que haya muerto… Está bien. 

Siento no haber podido arreglar nuestras diferencias en vida y que te hayas sentido incómodo por la mía o algunas de mis acciones. Acepto no poder gustarle a todo el mundo ni que todo el mundo me guste y ojalá que también tú lo hagas.



¿Ves qué afortunados somos? yo que he podido escribir esto y tú porque pudiste leerlo.”


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