Todos lo sabemos ¿No? Desde que somos pequeños tenemos esa abstracción extraña de que las cosas empiezan y acaban.
Poco a poco vamos viviendo, vamos entendiendo, vamos procesando la realidad.
Sabemos que las cosas son dinámicas.
Las relaciones cambian, los años, las épocas, las pertenencias, las personas incluyéndonos a nosotros mismos.
La conciencia de la impermanencia a veces se da poco a poco a medida que vives, ves cosas, piensas en lo que le pasan a los demás y a uno mismo y es inestable.
A lo mejor no es después de un día sino después de una época o de muchas épocas que nos hacen vivirla y no solo saberla en teoría.
Ya no es una cosa abstracta que le pasa a otros. Es algo que te pasa a ti.
Todo lo que tenemos, todo lo que somos, todo lo que representamos… eventualmente desaparecerá. No siempre con la muerte y por eso nos tocará aprender a vivir con la ausencia.
Nuestra casa, nuestros seres queridos, nuestra ropa, nuestro trabajo, nuestro dinero.
Nuestros seres queridos, nuestras relaciones, nuestras diferentes versiones.
Nuestra vista, nuestro tacto, nuestro oído, nuestro pensamiento, nuestra conciencia, nuestra capacidad de caminar, pensar y vivir.
Lo que representamos, nuestras obras, nuestros recuerdos, los recuerdos de otros que tienen de nosotros, nuestro nombre…
Va a pasar. No es negociable. No es incierto. Es seguro.
Lo que no es seguro es saber cuándo, cuánto tiempo queda, como va a ser…
Podemos nunca haber podido aprender a leer, a saber, a agradecer… podríamos nunca haber vivido y si viviéramos para siempre ¿Qué sentido tendría? No lo sabemos. Tener que vivir para siempre sería al final insoportable.
A veces da la sensación de que vivimos como si nunca fuéramos a morir y otras veces vivimos como si fuéramos a morir a cada segundo.
Puede pasar pero no siempre pasa y tampoco podemos ni debemos vivir en la angustia constante de no saber.
Aceptar no saber es difícil.
Aceptar el descontrol es difícil.
Aceptar la incertidumbre es difícil.
Aceptar la impermanencia también es difícil.
Da mucho miedo pero no tiene por qué ser un bloqueo eterno y ser infelices debido a él.
El cerebro se cansa de pensar y darle vueltas a lo mismo y entra en modo “dejarlo ser y disfrutar mientras se pueda el presente”. Podemos pedir ayuda para que el miedo al final no nos amargue el camino.
Creo que las cosas tienen valor porque podrían no haber existido y porque no son eternas.
Tratar de usar el final como una brújula de lo que realmente importa.
¿Qué es lo que te importa sabiendo que todo acabará algún día?
Y así encontrar un poco de paz, un consuelo, un apoyo al que aferrarse cuando las cosas son confusas e inciertas.
Si nada acabara ¿Encontraríamos motivación para hacer de nuestra vida algo mejor? No siempre hay que buscar mejorar y mejorar si estás conforme con lo que estás, pero ¿Tendríamos la misma voluntad de alcanzar una vida que nos guste vivir?
Un ancla es saber que todo lo que ha empezado algún día acabará para nosotros. Tal vez las ideas sean eternas pero nosotros algún día ya no podremos procesarlas ni tenerlas.
Tal vez al sol aún le queden 5 mil millones de años de vida de manera absoluta, pero para nosotros no saldrá personalmente en un futuro más próximo.
Hay gente que nunca ha visto, hay gente que nunca puede caminar, hay gente que a lo largo de la vida pierde esa capacidad y hay gente que la pierde al morir pero todos la perderemos, la hemos perdido o nunca la tuvimos.
Pero todos tenemos algo en común que es haber existido y aunque sea de diferentes formas, diferentes tiempos, diferentes impactos…
Puede ser una forma de ser agradecidos y de apreciar más a fondo lo que nos rodea o lo que nos rodeó.
Parece que nunca lo agradable dura todo lo que queremos, parece que lo desagradable siempre dura demasiado, parece que nunca estamos preparados para despedirnos del todo y que todo ha sido muy efímero.
Es normal, es natural tener miedo y que duela. No se puede controlar e independientemente de como nos sentamos respecto a la impermanencia, es la realidad.
No es tanto los años que se viven sino intentar tener una vida que nos haya gustado haber vivido dentro de lo que se pudo.
Aunque acabe y porque acaba, porque algo existió y pudo no haberlo hecho, tiene un valor que haya pasado.

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