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Consolar


(No hay una forma. No es obligatorio. No cambia radicalmente las cosas. Pero puede ayudar).

Una de las cosas que a veces duelen en esta vida es ver a alguien sufrir. 

Nuestro impulso tal vez es el de consolar y es algo que no es sencillo aunque la voluntad sea ayudar. 

Lo que tenemos es nuestra perspectiva de cómo nosotros vivimos nuestra vida. De cómo estamos ahora, de cómo nos ayudaría que a nosotros nos consolarlan ahora… 

Es normal que a veces no nos demos cuenta o recordemos que, aunque por nuestra experiencia inconsciente o consciente de consolar a otros, no nos demos cuenta de que cada persona, momento, circunstancias es única. 

A veces necesitamos que nos miren y lo validen y cuando alguien nos intenta cambiar de tema nos sentimos minimizados.

Otras necesitamos que el tema no sea siempre lo que duele y algo de distracción así que hablar de lo mismo perpetúa el malestar.

A veces nos ayudan puntos de vista más externos y neutrales, a veces no. 

Por eso los consejos y palabras no son únicos ni siempre funcionan. 

A veces nos apetece estar solos y otras veces acompañados.

A veces no sabemos ni siquiera lo que queremos, necesitamos, nos viene bien. Solo que estamos mal. 

Para las personas que intentamos consolar podemos comenzar con algo tan sencillo como preguntar ¿Cómo estás? ¿Puedo hacer algo para que te sientas un poco mejor? Si quieres podemos hablar de ello.

Y respetar la respuesta. Que digan que no es buen momento no es rechazo personal, son límites. Igual que cuando no tienes hambre y te ofrecen comida, no significa que rechaces la comida siempre. Aceptar consuelo es una opción, no un deber. 

No siempre sabe soluciones, simplemente hacer sentir al otro que no está solo en todo eso y puede pedir ayuda.

No somos adivinos y nadie pretende ni debería de dar por hecho que lo fuéramos.

También por parte de las personas que en el momento necesitamos consuelo, tener en cuenta que las personas no nos leen la mente no saben lo que nos pasa si no lo explicamos.

Esperamos la compañía de las personas que queremos y cuando no la obtenemos de la manera que necesitamos, pensamos que no les importamos. 

No tiene por qué ser así, no siempre estamos disponibles emocionalmente para consolar a alguien más, no siempre sabemos cómo, a veces hay bloqueos y eso no nos hace ser malos amigos. Somos humanos. 

Comprenderlo no es negar necesidades, ni dejar de intentar cubrirlas con alguien más o de otra manera, pero sí nos hace entender que la realidad es compleja. No es “si haces esto, me quieren, si no hacen esto no me quieren” o viceversa. 

Todos tenemos nuestros límites, necesidades, capacidades que se mezclan con la de los demás y eso simplemente significa eso. No que no nos quieran automáticamente si no nos consuelan, no que seamos malos por no poder, saber o sentirnos incómodos con la idea de consolar. 

En el dolor, igual que en la alegría, en la tristeza, en la ira… la realidad se tiñe. 

Consolar es un acto humano, loable y en mi caso suelo intentar preguntar cómo se siente sin juicio, intentar entender, ofrecer apoyo y acompañar. Si puedo y si quiero. 

Tal vez si te preguntan o preguntas, respondas que no sabes bien lo que necesitas. Porque es todo confuso, es un sentimiento general, no está focalizado, todo se ve afectado… pero incluso si es así, haber preguntado, que te hayan preguntado o un prudente y simple “lo siento”, puede marcar una diferencia. 

No hay que decir ni siempre funcionan grandes palabras. Sentir y hacer sentir que no eres invisible ya es muy importante. 

Respetar mis límites y los de los demás. 

Se falla y se acierta. Todo proviene de intentarlo aunque con cuidado.

 

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