Esa persona no tenía nombre ni tampoco un aspecto invariante en mi mente. Apareció en los tiempos en los que me sentía solo. Siempre se quedaba conmigo cuando lo necesitaba, siempre me daba esas palabras de cariño adecuadas para animarme. Me dio un lugar para llorar y unas caricias y besos para compartir. Nos amamos en silencio en la oscuridad de la noche y paseamos abrazados a plena luz del día. Bromeaba conmigo haciéndome sonreír levemente, formando hermosos recuerdos. A veces se reía mientras yo cocinaba, haciendo que la comida de ese día fuera un estuviera más chamuscada pero a la vez animada. Nos abrazábamos viendo una película de miedo, nos consolábamos en una lacrimógena y nos reíamos de las románticas porque los protagonistas desconocían lo poderoso que era nuestro amor. Nos acunamos en las noches de invierno con el frío, nos dábamos la mano en las noches estivales y cuando escondía mi rostro en su cuello, el mundo alrededor perdía impor...
Cada uno de nosotros es un pequeño microcosmos en sí mismo y este solo es un intento de arte de una persona que siempre tiene un pie en los ecos de madrugada.