Ecos de madrugada. Es muy típico que de madrugada uno se despierte y algo común, como tener que ir al baño, nos saque de ese sueño en el que podíamos volar, nadar sin tener que contener la respiración o besar a la persona que amamos en secreto… Aunque hay veces que esas pausas son bienvenidas si el sueño es desagradable como llegar tarde, que al menos para mí, es más estresante de lo que en la realidad resulta ser. Sin embargo los sueños son solo eso, sueños, pensarlos pero no sobrepensarlos. Varias veces no los recuerdas en concreto, sólo si te hacían sentir cómodo, incómodo o si al menos te permitieron recargar algo de batería. Maldigo con la mitad de mí en el subconsciente y la otra en la realidad, que mi vejiga sea tan traicionera (y más al llegar a cierta edad) pero si cuando me despierto y no es por ella suele sentarme mucho peor, interrumpir el cine de sábanas blancas por nada... ¡es una vergüenza!, no obstante, tengo la ventaja de no tener que moverme un centímetro de mi cama m...
Todos lo sabemos ¿No? Desde que somos pequeños tenemos esa abstracción extraña de que las cosas empiezan y acaban. Poco a poco vamos viviendo, vamos entendiendo, vamos procesando la realidad. Sabemos que las cosas son dinámicas. Las relaciones cambian, los años, las épocas, las pertenencias, las personas incluyéndonos a nosotros mismos. La conciencia de la impermanencia a veces se da poco a poco a medida que vives, ves cosas, piensas en lo que le pasan a los demás y a uno mismo y es inestable. A lo mejor no es después de un día sino después de una época o de muchas épocas que nos hacen vivirla y no solo saberla en teoría. Ya no es una cosa abstracta que le pasa a otros. Es algo que te pasa a ti. Todo lo que tenemos, todo lo que somos, todo lo que representamos… eventualmente desaparecerá. No siempre con la muerte y por eso nos tocará aprender a vivir con la ausencia. Nuestra casa, nuestros seres queridos, nuestra ropa, nuestro trabajo, nuestro ...