Me aburría estando en un banco de piedra, mirando una fuente enfrente cuyo flujo parece ser parecido pero nunca igual. Escuchaba el arrullo de una paloma y algunas personas a mí alrededor hablando entre ellas, pasando por el jardín. Me fijé en las hormigas caminando por el banco, por el suelo y preguntándome si cuando me levantara alguna se habría agarrado a mi ropa, si la aplastaría o si conseguiría sobrevivir en un terreno inestable. Cuando estás acompañado no te fijas tanto en el sonido de los pájaros ni en el movimiento del polen de finales de primavera,en que apenas hay viento que mueva las hojas de los árboles ni que el cielo está despejado cuando por la mañana estaba gris. Y está bien. Observar y reflexionar sobre ciertos detalles es muy relajante al tiempo que compartir conversación con alguien, te hace sentir menos solo. Y menos solo me sentí en este momento mientras imaginaba a las personas con las que querría estar charlando. Será el plan de otro día,...
Cada uno de nosotros es un pequeño microcosmos en sí mismo y este solo es un intento de arte de una persona que siempre tiene un pie en los ecos de madrugada.